pedigüeña

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Pero otros, como el entonces dirigente gremial de los escritores, Luis Sánchez Latorre, ponían una cuota de desconfianza frente a las cartas de Gómez Morel. Lo consideraban una persona pedigüeña que hacía aparatosa ostentación de su pobreza.
Se cree que el origen de esta tradición pedigüeña está en la Edad Media, cuando las Botargas de Guadalajara iban por los pueblos pidiendo limosnas.
Cedueña, celdueña, celedonia, celedonio, celidonia, celidonia mayor, celidoña, celidueña, celidueña fina, cerdoña, cerdueña, ceredonia, ceredueña, ceridonia, ceridoña, ceridueña, cerigüeña, ceruda, cevuda, chiledonia, ciledonia, cilidonia, cilidueña, cirgüeña, ciridueña, cirigüeña, cirigüeya, cirirueña, dilidonia, flor de la golondrina, golondrinera, gran luz, hierba de la golondrina, hierba de las golondrinas, hierba de las verrugas, hierba del iodo, hierba golondrinera, hierba verruguera, hirundinaria, pedigüeña, piohuelo, planta del yodo, quitaverrugas, selidonia, verrugera, verruguera, yerba de las golondrinas, yerba del pordiosero, yerba verruguera, yeteira.
Un grupo canta una versión corta y repetitiva del carolling justo antes del amanecer (popularmente conocido como dawn song, «canto del alba»), y en el anochecer después de la puesta del sol (conocido como dusk song, «canto del crepúsculo»), en invierno y primavera. Los pichones y jóvenes emiten una llamada pedigüeña corta, repetitiva y fuerte (80 dB) y agudo (8 kHz).
El menos observador ve en él algo simbólico; es una personificación del genio de la raza en lo que tiene de más miserable, en la holgazanería servil, pedigüeña y cazurra.
Ítem, porque hemos visto que en esto M dar y pedir hay varias trazas, para dar alivio a todas las bolsas y fáciles respuestas para toda mujer buscona y pedigüeña, declaramos que de aquí adelante nadie dé sino buenos días y buenas noches, besamanos, favor al que lo merece (con buenas palabras no más), lugar en las visitas y conversaciones y al superior y gusto a todos en cuanto pudiere.
Era ya mucho pedir; pero, en fin, después de meditarlo un segundo, contestó sin sonreírse: -Está bien, Rosa, está bien. A la pedigüeña le faltó tacto para conocer que con tanto pedir se iba haciendo empalagosa.
La hetera de lugar es menos exigente, pedigüeña y antojadiza que las Coras, las Baruccis, las Paivas y otras famosas heteras parisinas; pero aquéllas son solas, se diría que nacieron como los hongos, y la lugareña tiene un diluvio de parientes, que se lanza y abate sobre la casa y la hacienda del mantenedor enamorado, como bandada de langostas hambrientas y voraces.