pedagogo

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pedagogo, a

(Del lat. paedagogus < gr. paidagogos.)
1. s. ENSEÑANZA Persona dedicada al estudio de la enseñanza o a la educación. educador
2. ENSEÑANZA Persona que se dedica a la educación. maestro
3. Persona que acompaña a otra sirviéndole de guía o consejero. mentor
4. s. m. Ayo, antiguo preceptor los antiguos príncipes eran educados por un pedagogo.

pedagogo

 
m. Ayo.
Maestro de escuela.
fig.El que acompaña a otro sirviéndole de guía o consejero.
fig. y fam.Erudito, pedante, pesado.
educ. Perito en pedagogía.
Sinónimos

pedagogo

, pedagoga
Traducciones

pedagogo

Pädagoge

pedagogo

pedagogo

pedagogo

pédagogue

pedagogo

pedagog

pedagogo

/a SM/F (= profesor) → teacher, educator; (= teórico) → educationalist
Ejemplos ?
A la falta de pedagogos instruidos hay que añadir un pecado capital, fruto exclusivo de la condición atrasada de nuestros pueblos del interior.
Yo me impaciento cuando, por ejemplo, estoy pensando en las viviendas que queremos hacerles a los campesinos; me impaciento cuando estoy pensando en las ciudades escolares que queremos hacerles a los niños, y me impaciento cuando pienso que el plan más elemental para llevar a cabo una obra requiere semanas de estudios; que para construir una ciudad escolar hay que hacer los planos, buscar los técnicos y buscar también a los pedagogos y que digan cómo deben estar situadas, cómo deben construirse.
Si sus pedagogos, presidentes y profesores de universidad, y demás que fueron responsables de su educación, hubiesen merecido su salario, no habría encontrado usted nada en el presente orden de igualdad económica que le hubiese sorprendido lo más mínimo.
No solamente a los arquitectos y a los ingenieros, sino también a los pedagogos. Hay ya dinero para empezar a hacer las ciudades y todavía no se han podido empezar a hacer las ciudades, y tardará algunas semanas en empezarse; hay fondos para hacer las viviendas campesinas y todavía no hemos podido empezar a hacerlas, porque requiere tiempo.
Para rematar el cuadro, muchos padres de familia muestran una cultura muy desarrollada, producto de la difusión periodística, y suelen tratar de corregir a los maestros con aires de pedagogos.
Concluyo, señores, diciendo algo que desearía grabar en el cerebro de todas las mujeres y también de muchos maridos: los pedagogos elaboran pedantes, los sacerdotes fabrican hipócritas, sólo las verdaderas madres crean hombres.
Además, encuentro que, en general, los escritores de esas ciencias son unos pedagogos insoportables: quieren tratar a los hombres como a niños y les dicen con tono magistral y un compás en la mano: este camino has de seguir para ser feliz; este sentimiento has de tener para no dejarte ofuscar por las pasiones y errar la senda; este pensamiento ha de ser el ídolo de tu mente si quieres ser siempre virtuoso y feliz; y cada uno aferrado a su infalible sistema divide en categorías al corazón humano y le señala la senda del bien y de la virtud.
Esta cita, acaso extensa, pero muy anticipadora de lo que la SEP pretende lograr con la producción de los nuevos libros de texto gratuitos correspondientes a la reforma integral de la educación básica, revela una inquietud acumulada por decenios de un siglo que pasó en lucha por llevar a la práctica lo que brillantes pedagogos de todo el mundo, y Don Carlos A.
—Sí, y mucho. —Vaya ¡un hombre rodeado de maestros y pedagogos por la voluntad de su padre! Pero cuando vuelves a casa y estás cerca de tu madre, ¿te deja ésta hacer lo que quieres para que seas dichoso?
Así, se desviven los pedagogos de escritorio en mal traducir libros de diversos idiomas, en viajar para observar cómo funcionan los sistemas educativos en otros países y sin decir nada más, regresar para aplicarlos en nuestro medio en el momento en que algún político requiere sorprender al repartidor de puestos.
No se quejó en lo más mínimo de la mala reputación de que goza en todas las partes del mundo; me aseguró que él, en persona, era el mayor interesado, en destruir la superstición, y llegó a confesarme que no había temido por su propio poder más que una vez sola, el día en que oyó decir desde el púlpito a un predicador más listo que sus cofrades: «Queridos hermanos, no olvidéis nunca, cuando oigáis elogiar el progreso de las luces, que la más bonita astucia del diablo está en persuadiros de que no existe.» El recuerdo de aquel célebre orador nos llevó naturalmente al asunto de las academias; mi extraño huésped me afirmó que no tenía a menos, en muchos casos, inspirar la pluma, la palabra, la conciencia de los pedagogos...
En este acto me vino la idea de provocar a alguno de más edad, pero en el mismo momento, dirigiéndose a nosotros como demonios los pedagogos de Lisis y Menexenes, con los hermanos de éstos, los llamaron para volver a casa, porque era ya tarde.