pechera de la camisa

Traducciones

pechera de la camisa

sparato della camicia
Ejemplos ?
Cuando estuve cerca, mirándole para tratar de apaciguarlo, observé que la mujer tenía un ojo amoratado. -¿Dónde vas? -me dijo el latonero cogiéndome de la pechera de la camisa con su mano negra. -A Dover --dije.
legado que hubo Joseíto el Penitas al hondilón del Caravaca, como el sol implacable de junio habíale hecho sudar más de lo que se necesita para curar un constipado, apenitas húbose sentado tiró sobre una silla el sombrero, se desabrochó la pechera de la camisa, dejando ver más crines que un caballo de Pomerania, aflojose el ceñidor que cogíale casi desde el sobaco a la ingle, y después de resollar a pleno pulmón y de enjugarse la frente con un pañuelo de imponentes dimensiones, exclamó dirigiéndose a Paquiro un chaval esmirriado y de acharranado semblante, que mataba el ocio escamoteando alguna que otra aceituna, o alguna que otra rodaja de huevo de las fuentes, que colocadas sobre el limpísimo mostrador, tentaban a los parroquianos.
Veintiséis o veintisiete primaveras podría contar nuestro protagonista, y era de tez morena, grandes ojos de lánguidas y adormecedoras pupilas, con facciones de correcto dibujo, curvas mejillas, donde azuleaba la barba cuidadosamente afeitada, como el bigote; sus labios eran frescos y encendidos; como de marfil su dentadura, algo grande y desigual; su cabello, abundante y sedoso, tan oscuro como sus bien arqueadas y pobladísimas cejas y como sus larguísimas pestañas, desbordaba por bajo el ala del airoso rondeño gris, y era vigorosa y cenceña su figura, que avaloraban ajustado marsellés, ceñidor y pañuelo de raso azul que lucía a guisa de corbata sobre la bordada y blanca pechera de la camisa.
También lucían pequeños martillos de plata en los puños del bastón, en la solapa o en la pechera de la camisa junto a la banda púrpura, y tanto esta como el martillo fueron así señales o símbolos de pertenencia a esta sociedad, así como la canción del "Trágala", especialmente injuriosa para los absolutistas.
Quedó satisfecho el Perejiles de su persona -repetimos- y de su típica indumentaria; su sombrero sevillano caíale a maravilla, como igualmente el flamante y abotinado pantalón, la no muy corta americana, la blanca pechera de la camisa rizada a bullones, sobre la que relucían los indispensables broches de oro.