pechera

pechera

1. s. f. INDUMENTARIA Y MODA Parte de la camisa o de otras prendas de vestir, que cubre el pecho comiendo se manchó la pechera del vestido.
2. INDUMENTARIA Y MODA Guarnición de encaje de la camisola llevaba una camisola con vistosas pecheras. chorrera
3. Parte exterior del pecho, en especial en las mujeres ¡menuda pechera tiene esa actriz! pechuga
4. INDUMENTARIA Y MODA Pedazo de paño que se pone en el pecho para abrigarlo.
5. Pedazo de vaqueta que, forrado y relleno, les sirve a las caballerías de apoyo para que tiren.

pechera

 
f. Pedazo de lienzo o paño con que se abriga el pecho.
En algunas prendas de vestir parte que cubre el pecho.
Chorrera (de encaje).
Pedazo de vaqueta forrado y relleno, que se pone en el pecho a las caballerías de tiro.
fam.Parte exterior del pecho, esp. en las mujeres.

pechera

(pe'ʧeɾa)
sustantivo femenino
1. ropa parte de una prenda de vestir que cubre el pecho La pechera de su remera tenía una estampa.
2. parte exterior del pecho de las mujeres Cámbiate ese vestido que andas mostrando media pechera.
Traducciones

pechera

bosom, dickey

pechera

SF
1. (Cos) [de camisa] → shirt front; [de vestido] → front (Mil) → chest protector
pechera postizadicky
2. (Anat) → big bosom
Ejemplos ?
El mayor Kovaliov tenía el hábito de pasear todos los días por la Avenida Nevski. Llevaba siempre el cuello de la pechera muy limpio y almidonado.
Vamos, hombre, lo que yo hablo es más verdá que la luz, y aquí aonde usté me ve, al parecer tan de uñas con el sastre y con er zapatero, si yo quisiera tendría la mar de ternos de elasticotín y ea diamante como un melón y la pechera bordá y las pretinas bordás y jasta los carcetines bordaos...
A las doce y cuarto entró un caballero robusto, alto, blanco, de grandes ojos azules claros, con traje flamante, si bien de corte mediano, pechera reluciente, bigote engomado.
Una camisa de rica bordadura, que ostentaba botoncillos de diamantes en la pechera y en el cuello, un ancho cordobés y botas de cuero, ceñidas por espuelas de plata, completaban el traje del gitano.
Éste no venía siempre a las altas regiones; muchas noches le veíamos en las butacas luciendo su linda y afeminada figura y su blanquísima pechera, y no dando punto de reposo a los gemelos.
Cuando estuve cerca, mirándole para tratar de apaciguarlo, observé que la mujer tenía un ojo amoratado. -¿Dónde vas? -me dijo el latonero cogiéndome de la pechera de la camisa con su mano negra. -A Dover --dije.
¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? -Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja.
Su cuello desnudo y la pechera de su camisa dejaban entrever el latido violento de sus arterias y la respiración anhelante de sus pulmones.
Gran movimiento de los criados para tomarle el bastón, el sombrero de innumerables reflejos y el gabán de ricas pieles, que, al separarse de sus hombros, dejó al descubierto la pechera de inmaculada nitidez, la gardenia de una solapa, todo el uniforme negro y blanco, discreto y brillante, de un gentleman que viene de comer.
Y Rufina, con los ojos ardientes, como si fuera a devorar a su marido, le agarraba de la pechera, zarandeando rudamente a aquel hombrón.
Quedó satisfecho el Perejiles de su persona -repetimos- y de su típica indumentaria; su sombrero sevillano caíale a maravilla, como igualmente el flamante y abotinado pantalón, la no muy corta americana, la blanca pechera de la camisa rizada a bullones, sobre la que relucían los indispensables broches de oro.
Extrañas influencias que dieron como resultado que al entrar por primera vez a los veintiún años, corbateado de blanco y con el busto moldeado por un frac de Poole al salón donde hice mi primera conquista aristocrática, cuatro almas: la de un artista enamorado de lo griego, y que sentía con acritud la vulgaridad de la vida moderna; la de un filósofo descreído de todo por el abuso de estudio; la de un gozador cansado de los placeres vulgares, que iba a perseguir sensaciones más profundas y más finas, y la de un analista que las discriminaba para sentirlas con más ardor, animaron mi corazón, que latía bajo la resplandeciente pechera, coquetamente abotonada con una perla negra.