Ejemplos ?
Al escuchar tan bellas tonalidades, las ballenas se presentaron junto con las tortugas del agua y las mujeres del agua, ACIHUATL, mitad humanas, mitad peces.
Yo veía extasiado tanta belleza en movimiento, cuando las burbujas, la ráfaga dorada, los peces japoneses y las sirenas desaparecieron en artes de magia.
A su rededor surgían muchos extraños hombres peces que me recordaban al monstruo de la laguna negra, aquella película que me había encantado.
Les habló de las luminosas noches de invierno, cuando suenan los cascabeles de los trineos, y los mozos corren con antorchas encendidas por el liso hielo, tan transparente, que pueden ver los peces nadando asustados bajo sus pies.
¿Cuáles flores?”, dijeron a los Xibalbá los engendrados. “Un ramo de rojas Crotalarias, un ramo de blancas Crotalarias, un ramo de amarillas Crotalarias, un ramo de Grandes Peces ”.
Al quinto día se mostraron, pues, de nuevo, y fueron vistos en el agua por los hombres. Semejantes a dos Hombres-Peces aparecieron.
Ahora bien, poco para que se manifestasen el sol, la luna, las estrellas; encima, los Constructores, los Formadores. En Casas sobre Pirámides, en Mansión de los Peces, así llamadas, nacían las mazorcas amarillas, las mazorcas blancas.
Se regocijaron, pues, de haber llegado al país excelente, lleno de cosas sabrosas; muchas mazorcas amarillas, mazorcas blancas; mucho cacao, cacao; innumerables los zapotillos rojos, las anonas, las frutas, los frijoles Paternoster, los zapotes matasanos, la miel; plenitud de exquisitos alimentos en aquella ciudad llamada Casas sobre Pirámides Mansión de los Peces.
114 Por su firmano soto no en falso a Méntula por rico se tiene, que tantas cosas en sí tiene egregias: coto de aves de todo género, peces, prados, labrantíos y fieras.
Luego arrojó el cuerpo al lago, para pasto de los peces, pero la cabeza sólo la sumergió en el agua y, envolviéndola luego en su pañuelo, se dirigió a la posada y se acostó.
Y la causa de nuestro error es que nuestro peso y nuestra debilidad nos impiden elevarnos por encima del aire, porque si alguno pudiese llegar a las alturas valiéndose de unas alas, apenas habría sacado la cabeza fuera de nuestro aire impuro vería lo que pasa en aquellos dichosos parajes, como los peces que se elevan sobre la superficie del mar ven lo que pasa en este aire que respiramos; y si se encontrase con que su naturaleza le permitía una larga contemplación, reconocería que aquello era el verdadero cielo, la luz verdadera y la verdadera Tierra.
Paños blancos enrojecen en las alcobas cerradas. Rumores de tibia aurora pámpanos y peces cambian. Violador enfurecido, Amnón huye con su jaca.