pecas

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ตกกระ

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çiller

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tàn nhang

pecas

斑点
Ejemplos ?
Pos si no hay en toa la provincia un mozo de los de ácana que no le haiga jecho la ruea a esa gachí y que no haiga sacao lo mesmito que tú, y si no, aquí me tiées a mí, que no creo yo estar tampoco entoavía pa que me embalsamen, y tamién a mí un día que se me acalenturó el cuerpo mirándola, y porque me permití decirle que..., vaya..., cuasi na..., cuatro llenas y cuatro vacías, por poquito si tengo que darle parte al sereno, y no te creas tú que liemos sío sólo nosotros, que lo mismo que a ti y que a mí le pasó con ella al Pecoso, y mira tú que el Pecoso es un hombre con más tronío que un barreno y con más parneses que pecas, y, sin embargo, el gachó tuvo que virar der to y poner la proa a la mar, y «me alegro de verte güena».
Ni es juicio equitativo ni proceder hidalgo: del siglo en el criterio es ruin tal estrechez; los cazadores de águilas no cazan nunca moscas, nadie es más grande al grande por empequeñecer, y a los que ya los pueblos han puesto en pedestales, ya en alto al sol y al aire o a sombra de dosel, de lejos y de abajo a arriba hay que mirarles y no se les ven nunca las pecas de la tez.
Las doncellas más sesudas me creen cualquier disparate como en casamiento trate, y no escupen las viudas. «En cal de bayona, el pelo a una vieja he de enrubiar, y en cal de francos, quitar 24 unas pecas y un recelo».
Todos se inclinaban en efusión muda: Lisbeta, Ludwig, hasta la institutriz vivaracha, Fraulein Lotte, de tez de leche con manchas de pecas, de cobrizos cabellos, la que siempre estaba discurriéndoles juegos bonitos.
Así no ignoran las niñas que para evitar las pecas y dar ternura a su rostro es preciso levantarse cuando todavía es de noche, y recoger el casto rocío que tiembla en el capüpe.
Sea quienquiera la beldad que te domina, no te abrasas en fuego de que puedas sonrojarte, porque siempre pecas con mujeres bien nacidas.
Algo tiñe la azul inmensidad y delira en ritmos lentos, bajo el diurno resplandor. Más fuerte que el alcohol, más vasta que una lira fermenta la amargura de las pecas de amor.
Era alto y enjuto. Sobre la abombada frente, manchada de pecas, los lustrosos cabellos negros se ondulaban señorilmente. Tenía los ojos color de tabaco, ligeramente oblicuos, y vestía traje marrón adaptado a su figura por manos pocos hábiles en labores sastreriles.
En un ángulo de la sala una mujer de anguloso perfil, canosa y con cara de hambre miraba con sus ojuelos grises cargados de odio, a una pobre chiquilla de doce a trece años de ralos cabellos de un rubio sucio, desteñida tez salpicada de pecas, y descolorida boca entreabierta que dejaba ver los dientes picados y las encías desteñidas.
Entonces ella, hallando ocasión muy dañosa, que es la soledad, prorrumpió en osadía, y llorando reciamente, poniendo la ropa delante la cara, temblando, le comenzó a hablar brevemente de esta manera: -La causa y principio de este mi presente mal, y aun la medicina para él y toda ni salud y remedio, tú solo eres; porque estos tus ojos, que entraron por los míos a lo íntimo de mis entrañas, mueven un cruel entendimiento en mi corazón, por lo cual te ruego que hagas mancilla de quien por tu causa muere, y no te espante que pecas contra tu padre...
Para exigirles el pago por habitar en su lago, llega a cobrarle a don Chango que está bailándose un tango. Sentada en su alta roca apláudele doña Foca y moviendo sus muñecas se le enrojecen la pecas.
La mujer de edad ya madura, corpulenta, de rostro cubierto de pecas y de manchas, sin interrumpir su tarea fijó en la moza una mirada escrutadora, exclamando de pronto con extrañeza: -¿Qué tienes?