peana


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peana

1. s. f. Basa o plataforma sobre la que está colocada una figura o una imagen religiosa se rompió la peana de mármol sobre la que tenían la estatua.
2. RELIGIÓN Tarima situada delante del altar.
NOTA: También se escribe: peaña

peana

 
f. Basa o apoyo para colocar encima una figura u otra cosa.
Tarima arrimada delante del altar.
Sinónimos

peana

sustantivo femenino
pedestal, basa, peaña.
Pedestal designa la base de una estatua, una columna, una figura como por ejemplo una cruz, etc.; peana, generalmente, designa la base de estatuas y basa, la de columnas.
Traducciones

peana

ฐาน

peana

SF
1. (= pedestal) → base, pedestal
2. (Golf) → tee
3. (= pie) → foot
Ejemplos ?
Aun así resultaban inútiles tantas precauciones, pues más de una vez, marchando grave y erguido, aunque con paso tardo, ante el estandarte de la cofradía, escandalizaba a los fieles rompiendo a tocar la Marcha Real frente al ramo de olivo de la taberna, y entonando después el melancólico De profundis cuando la peana del santo patrono volvía a entrar en la iglesia.
Aquí tienen una Virgen, pero es de mano muy tosca; allí un crucifijo, y bueno, pero la cruz es muy corta; acá un San Juan de rodillas, ¡cosa estupenda! mas sobran dos líneas de la peana, y nunca bien se acomoda; allá hay una Magdalena, ¡soberbia estatua!
Ahora solo se ponen algunos santos y aun a estos para que den motivo a colocar una peana o un dosalete afiligranado, es decir, buscar un pretexto para traer a colocación una forma puramente plástica.
Junto a su extremo occidental crúzale, de Sur a Norte, un vallecito secundario, de modo que el valle de Somorrostro, parece una cruz tendida, cuya peana es Baracaldo, cuya cabeza es Larrigada, y cuyos brazos constituyen el vallecito de San Juan del Astillero, apoyándose el extremo Sur de estos brazos en Galdames, y el extremo Norte en el mar.
Aquí sea mi hora, si no es verdad que, cuando leí ese concepto, me sentí como sin faja de om- bligo, que dice el refrán, y por mucho que en el terreno d mi consideración literaria tenga al señor González bajo toldo y sobre peana, como reza otro refrán, no quiero que se me moje la pólvora, sin decir al muy galano escritor argentino, que su aforismo no tiene para mí valor de tal.
Y concurrían frailes (etiam periere ruinae) y señores canónigos, que aún los había de veras, y el señor asistente, acompañado de algunos machuchos personajes, y varios oficiales de la guarnición, porque entonces no se conocía la milicia nacional; estudiantes con sus hopalandas, por supuesto, y mozalbetes vivarachos, que sacaban raja de visitar y obsequiar a la vieja, pues, como se dice vulgarmente, «por la peana se besa el santo»; y gallardas muchachas que, aunque rodeadas de sus respetables y vigilantes familias, llevaban los ojos, algunos harto hermosos y expresivos, para hacer de ellos el uso más conveniente.
(De lüngím modo ¿es- tamos?) Ni pok el cielo, porque es el trono de Dios: ni por la TIERRA, PORQUE ES LA PEANA DE SUS PIES; NI POR JeRUSALÉM, POR- QUE ES LA CIUDAD DEL GraNDE ReY; NI POR Tü CABEZA, PORQUE NO PUEDES HACER UN CABELLO, BLANCO O NEGRO.
El monte excelso que de huella humana su virgen cima hasta los cielos sube: «soy, dice, de su planta la peana»; y «yo su carro soy», dice la nube, «que le llevo a la estrella más lejana».
María es una criatura aparte, más bella por sí sola que toda la creación; el hombre no es digno de tocar sus blancas vestiduras; la tierra no es digna de servirla de peana, ni de alfombra los paños de brocado; su blancura excede a la nieve que se cuaja en las montañas, su rosicler al rosicler de los cielos, su esplendor al esplendor de las estrellas.
Pero cuando vio que a la taza de té acompañaba una repostería de tostadas, bizcochos, galletas y mantequillas, no pudo menos de añadir, embutiendo de cada cosa un poco: -El té que se toma en casa de estos señorones será una engañifa, pero ¡carape, qué engañifa tan rica! Sobre la mesa había una cajita ochavada con incrustaciones de maderas preciosas y sostenida en una peana de delicadas labores.
Si yo no puedo, malgrado todo mi arte diligente, Por Peana tallar una Pluma de plata, Pondré la Serpiente que me muerde las entrañas Bajo tus talones, a fin de que tú pises y te mofes, Reina victoriosa y fecunda en redenciones, Este monstruo hinchado de odio y de salivazos.
El cuerpo de la cruz que corresponde a San Pedro de Abanto, a Nocedal y a San Salvador del Valle es escueto, severo, casi falto de todo adorno, pero no lo son la peana, los brazos y aun la cabeza.