peñaranda

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peñaranda

 
f. vulg.Casa de empeños.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
De pié en el mismo orden: Vicente Cordero, Pericles Ávila, Jaime Aguilar, SECRETARIO; Ángel Valarezo C, Pedro González G., Wellington Márquez A., Leonardo Aguirre Ochoa, Julio Rengel Barrera, Zoila Peñaranda, Beatriz Linares, Marina Yépez de Carmona, Jack Garzón Padilla, Pedro Rodríguez, Rodrigo Flores, Nicolás Cobos A., Enrique Márquez T., Williams Urdiales R., Carlos Corella V., Ledo.
Andrés José de Rojas. —Tilo Arauchi.—Mariano de Solo.—Simón Ola neta,— José María Frías.—Agustín Carcaga.—Marcelino Antonio de Peñaranda.
Y a las espaldas y sobre el Sello Real están cuatro firmas, que parecen ser de los Señores del Consejo, que dicen: El Conde de Peñaranda.
El día siguiente fué de gran alboroto para el vecindario del Cuzco, porque en la puerta de la Catedral apareció fijado este cartelón:— «Téngase por pública excomulgada a Antonia Peñaranda, mujer de don Pedro Echevarría, por inobediente a los preceptos de Nuestra Santa Madre Iglesia, y por el desacato de haber tratado mal de palabras al señor doctor »don Juan José de la Concepción de Rivadeneira, y porque con sus gritos desacató también al doctor don José Soto, presbítero, que estaba actualmente celebrando el Santo Sacrificio.— Nadie sea osado á quitar este papel, bajo pena de excomunión».
XVII De un duque esclarecido la tercera Cintia el siempre feliz tálamo honora, la que bien digna de mayor esfera su luz abrevia Peñaranda ahora.
Se integra dentro de la comarca de Las Villas. Pertenece al partido judicial de Peñaranda y a la Mancomunidad Zona de Cantalapiedra y Las Villas.
El 4 de Junio del antedicho año de 1747, á las nueve de la mañana, entró en la Catedral doña Antonia Peñaranda, mujer del abogado don Pedro Echevarría.
(Secretario de Hacienda) Armando Monsalve Vasquez (Secretario de Gobierno) Jairo Santos Peñaranda (Secretario de Obras Públicas) Henry Fernández Elcure (Secretario de Servicios Administrativos) Edwing Arturo Cogollo Díaz (Director Centro Cultural)
Es más aún; en la carta abierta al Presidente Peñaranda dijimos, sin ser desmentidos: "La artera sindicación de ser un partido nazi-fascista es destruída por la reedición de nuestras actuaciones en lo que va de la presente guerra de imperialismos, pues, jamás ha efectuado actos que siquiera levemente pudieran parecer de ayuda a los países del Eje".
En el invierno usaba antiguos jubones de terciopelo abrochados hasta el cuello y sayas de tisú acolchadas, o de una tela fuerte que formaba al andar un ruido seco que desde lejos venía diciendo: «Ya llega doña Isabel Salgado y Peñaranda, la gran señora, noble por los cuatro costados, y de pura sangre azul».
Y en verdad, la buena anciana, alta, bien formada, arrogante en el andar, majestuosa y altiva en la actitud, tenía toda la apariencia de aquellas antiguas castellanas de clarísima estirpe, cuyas ideas y acciones estaban siempre en consonancia con su distinguido y elevado nacimiento. Por esto doña Isabel Salgado y Peñaranda era tan señora en la indigencia como lo fuera en la prosperidad.
Bernardino Velasco y Pimentel, duque de Frías y conde de Peñaranda, el autor que en su entretenido libro Deleite de la discreción me proporciona el asunto de la tradicioncita que va a leerse.