pavoroso


También se encuentra en: Sinónimos.

pavoroso, a

adj. Que causa pavor.

pavoroso, -sa

 
adj. Que causa pavor.

pavoroso, -sa

(paβo'ɾoso, -sa)
abreviación
que causa miedo intenso una película pavorosa
Sinónimos
Traducciones

pavoroso

lurid

pavoroso

pauroso

pavoroso

ADJterrifying
Ejemplos ?
EN TODO CASO, ¿EN QUE FORMA CREE EL CONGRESO DEBE EMPLEARSE PARA SU SEGURO EFECTO? DICTAMEN: Es este un problema arduo, pavoroso y de actualidad.
La madre de Ventura comenzó a inquietarse. El pavoroso dilema la obligaba a desear, más que nunca, la gloria del artista para su hijo.
En aquel instante un grito de espanto se escapó de todas las gargantas, ya que el horror no se había desvanecido con la silueta, y en un pavoroso momento de oscuridad más profunda los hombres vieron retorcerse en la copa del más alto de los árboles un millar de diminutos puntos fosforescentes, brillando como el fuego de San Telmo o como las lenguas de fuego que descendieron sobre las cabezas de los Apóstoles el día de Pentecostés.
Ni hay queja al labio ni a los ojos llanto muerto para el amor y la aventura esta en tu corazón mi sepultura y el cadaver aqui! En este corazón ya enmudecido cual la ruina de un templo silencioso vacio, abandonado, pavoroso sin luz y sin amor.
Editorial tras editorial viene la amarillenta hoja de los científicos tratando de los asuntos obreros con aparente seguridad, para dar a los de México la orientación que conviene a los intereses del gobierno y la burguesía; pero mal disimula sus inquietudes cuando dice: ... problema que nosotros vemos a distancia pero que no deja de interesamos por su aspecto pavoroso e indudable trascendencia.
El tumulto se aumenta, los gritos y algazara de más de cuatro mil indios, junto con el estampido del trueno resuenan, en el espacio y en el silencio pavoroso de la noche, como los alegres alaridos de los demonios, resonaran en el infierno cuando por la astucia del ángel de las tinieblas, pecó la primera criatura, y se introdujo la muerte en el mundo.
-Problema pavoroso-, sí que lo es para los engreídos explotadores el problema obrero, cuya solución se aproxima con la abolición de los privilegios, al paso que la huelga general revolucionaria gana terreno en Europa y en América.
Verás entonces prados, y cabañas cubiertas por olmos y laureles y mirto y madre-selva; verás espesos montes, caminos y veredas bajo toldos de verde, fragante, inculta yerba; verás montañas, cerros y dilatadas sierras; robustos, viejos troncos y ramas que se quiebran al peso del follaje; mantos de rica hiedra cubriendo de las ruinas la desnudez escueta; hondos, negros abismos do pavoroso suena el murmurante arroyo que fue por la pradera; verás valles risueños y ríos y florestas, y el humo que, tranquilo, en espiral se eleva, y cabras y terneros y alondras...
El mar se había retirado, alejándose más. Se calmaba; pero, aunque debilitado, todavía era pavoroso y tétrico su rumor. Por fin se divisaron la roca solitaria y los carrizos.
Con pavoroso silencio esta triste comitiva, haciendo descansos breves, marcha de noche y de día, por lo angosto del camino, por los recuestos arriba, y en los tornos y revueltas del largo espacio que pisa, caminando con tal orden, tan silenciosa y unida, que un solo cuerpo formaba; y de lejos parecía inmensurable serpiente, que deslizándose iba entre campos y entre montes, dando sus escamas chispas.
Ya el Consejo de Viña del Mar, en 1969, afirmó esas coincidencias y tipificó, precisó y cuantificó el atraso económico y social de la región y los factores externos que lo determinan, destacando las enormes injusticias cometidas en su contra bajo el disfraz de cooperación y ayuda; porque en America Latina, grandes ciudades que muchos admiran, ocultan el drama de cientos de miles de seres que viven en poblaciones marginales, producto de un pavoroso desempleo y subempleo: esconden las desigualdades profundas entre pequeños grupos privilegiados y las grandes masas, cuyos índices de nutrición y de salud no superan a los de Asia y África, que casi no tienen acceso a la cultura.
CAPÍTULO IX Cuando recobré el sentido, aturdido como estaba, me di cuenta que me encontraba en una tenebrosa cueva y lo que descubrí fue pavoroso: una hormiga roja que para mi tamaño era tan grande como un león, me vigilaba con sus ojos saltones y sus antenas se movían veloces como para comunicar a otras de su especie, su hallazgo.