pavero


También se encuentra en: Sinónimos.

pavero, a

1. s. Persona que cuida o vende pavos.
2. s. m. Sombrero andaluz de ala ancha y recta y copa en forma de cono truncado.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

pavero, -ra

 
m. f. Persona que tiene por oficio cuidar o vender pavos.
Presumido, vanidoso.
m. Sombrero andaluz de ala ancha y recta y copa de figura de cono truncado.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Sinónimos

pavero

, pavera
sustantivo
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

pavero

/a SM/F (Andes, Cono Sur) → practical joker
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
-Y tú sabes lo que es ése cuando se escamonda y suelta los trapos de la briega y se pone un terno que tiée de elasticotín y se tira er pavero atrás y abre er pico que se canta el gachó unas soleares que me río yo del Litré y del Picotúo...
Más allá, donde los desocupados solían jugar al tute, un joven muy guapo, de barba y cabellos castaños fingidamente enmarañados, de mirada serena y azul, de boca impecable, de manos aristocráticas, vestido con elegante traje de franela blanca a listas rojas, y resguardada del sol la hermosa cabeza por un amplio pavero de castor, sentábase en tosca banqueta, y con el pie en el aire, se lo palpaba con una mano, intentando calcular la importancia del daño recibido.
Y recostada contra el muro, al brazo la gran cesta de mimbres, abarrotada de encajes y en la mano una caña en cuyo extremo hace el viento flamear algunos pañuelos de los colores más vivos, permanece durante algunos minutos en lánguida quietud que turba Antoñico el Pelirrojo, el cual, al penetrar en la calle y ver a la gentil quinquillera, exclama, deteniéndose ante ella en la más amanerada de las actitudes y colocándose, merced a un hábil choclazo en el ala, en la coronilla el amplísimo pavero: -Hoy sí que puée dicir que me he alevantao yo con la Divina de cara.
Pos di tú que sa menester pa dar contigo tener más orfato que un pachón y más pinreles que un galgo -dijo el señor Francisco, sentándose frente a frente a Joselillo, desabotonándose el chaleco para dar expansión al crecidísimo abdomen y soltando sobre otra silla el amplísimo pavero.
Joseíto no se hizo repetir la orden, y ya con un pie en el estribo y apoyándose con tina mano en el enarcado cuello del potro y con la otra inclinándose sobre la frente el pavero, preguntó a la hembra de sus amores: -¿Y me promete usté que ese día no me iré yo con el corazón dolorío?
El Certero no pestañaba siquiera mirando a María, la cual, después de brindarle el baile en una mirada, afianzóse el pavero sobre la rubia crencha, repiqueteó los dedos que sonaron como crótalos de cristal, a la vez que arqueaba los brazos, entornó los párpados con las de Caín en las fulgurantes pupilas, contrajo sus labios en una sonrisa ardiente y retadora y dio comienzo de modo brusquísimo y nervioso al baile, al acorde resonar de las guitarras y del alegre palmoteo.
-Oye tú, que siempre has de estar de chirigotas -repúsole, sonriendo con las de Caín, la señá Frasquita. El señor Paco se colocó el amplio pavero, y...
Paco Cárdenas adivinó que el Sordina le disparaba al Maroto; se acordó del asedio que le tenían puesto las necesidades más perentorias de sus hijos encuerinos y casi hambrientos; de su María, casi aniquilada por la adversidad, y acercándose, pálido pero con reposada actitud, al Maroto, díjole a la vez que se hurgaba cortésmente el ala del amplio pavero: -¿Me permite usté dos palabras?
Pepe, ya sentado, colocó el pavero contra la pared, al pie de la silla; desabrochóse el chaleco, se recogió los pantalones, retrepóse gallardamente en la silla y, sacando un pequeño abanico, dio comienzo a abanicarse mientras decía: -¡Camará!, que me han metío en el cuerpo un calenturón que me está jaciendo yesca.
Cuando la noticia de lo que había pasado llegó a oídos del Melindres, ilustre unigénito del Calderero, que llegó por conducto de Joseíto el Tulipa, uno de sus compadres de más alta jerarquía, quedose meditabundo el muchacho, enarcó las pobladas cejas, rascose sin necesidad la cabeza, echándose al hacerlo, sobre la frente el amplísimo pavero, y murmuró con voz de un tantico alcoholizadas inflexiones: -Pos lo siento, chavó, porque eso puée traer su miajita de cola.
La Niña de los Lunares se recogió graciosamente la falda color rosa de amplísimos volantes, dejando en descubierto el pie arqueado y prisionero en reducidos zapatos de piel finísima, y el principio de una pantorrilla capaz de quitarle el sueño a un cataléptico; atóse a la cintura el pañuelo de crespón encarnado, que ceñíale el busto, lleno de arrogancias virginales; dirigióse hacia donde estaba Perico, envolvió a éste en una mirada que fue una intensa y enloquecedora caricia; quitóle el pavero que aquél habíase plantado rabioso de un choclazo en mitad de la coronilla...
Como que er propio Currito cantó la gallina y se adelantó cuando ya no púo más y le tiró a los pies er pavero, y por poquito si no tenemos que sujetarlo con una camisa de fuerza; como que decía que se la diba a comer de una dentellá.