Ejemplos ?
24 Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para sí mis vestidos, Y sobre mi vestidura echaron suertes.
Salicio En que hagamos el debido oficio: luego de aquí partamos, y primero que haga curso el mal y s’envejezca, así le presentemos a Severo.
En efecto, mecido por las dulces emociones de un nuevo cariño, comenzaba a olvidar el cariño de mi madre. La severa reconvención del judío pareciome el eco de mi conciencia. -¡Partamos! ¡partamos!
¡Y si huyendo de Noviembre Las arrecidas neblinas Vemos a las golondrinas De nuestra patria volver, Al dintel de nuestras tiendas A saludarlas saldremos, Y de gozo lloraremos Mientras se alcancen a ver!… Señor, besad esa tierra, Orad un punto y partamos, ¡O tornemos y muramos De una vez junto al Genil!… ¡Tenéis razón!
Y ellos adoraron al Señor, y dijeron a Joaquín: Guárdate de resistir más al ángel del Señor. Levántate, partamos, y avancemos lentamente, haciendo pastar a los rebaños.
¿Tenemos que hacer algún otro ruego más? Yo no tengo más que pedir. Fedro Haz los mismos votos por mí; entre amigos todo es común. Sócrates Partamos.
En fin, bien está así, y pues ya esclarece, si no queréis hablar con la justicia de lo que a don Gonzalo pertenece, venid conmigo y adelante vamos. -Pues que remedio no hay, don Juan, partamos.
Ellos demandan nuestra aceptación incondicional en sus términos de abandonar todas las fuerzas Americanas inmediatamente e incondicionalmente y que abandonemos el gobierno de Vietnam cuando partamos.
Realicemos un recuento de nuestros militantes y hagamos una profunda campaña de afiliación. No incurramos en cifras complacientes y partamos de nuestra militancia real para todas las acciones.
Todo esto se le presentará en seguida, mas si los dioses nos permiten destruir la gran ciudad de Príamo, entre en ella cuando los aqueos partamos el botín, cargue abundantemente de oro y de bronce su nave y elija las veinte troyanas que más hermosas sean después de la argiva Helena.
Por supuesto, señor, haremos lo que usted siempre desee y jamás os decepcionaremos. ─ ¡Pues muy bien! Partamos ─dijo el príncipe─; cerrad bien la puerta y guardad la llave.
Que en nuestros valles caiga la bienhechora lluvia, como don de los cielos, y nos traiga racimos negros y la espiga rubia, para que el pan y el vino en nuestras manos símbolo fiel de la obtenida calma, nos partamos alegres los hermanos como una santa comunión del alma.