parrón


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parrón

s. m. BOTÁNICA Parriza, vid silvestre.
Sinónimos

parrón

sustantivo masculino
Ejemplos ?
¿Tiene su merced noticia de alguna zorra que sepa tantas picardías como nosotros? Repito, mi General, que, no sólo he visto a Parrón, sino que he hablado con el.
¿Quieres que le enseñe el francés a una mula? El Conde del Montijo no pudo contener la risa. Luego preguntó: - Y ¿qué respondió Parrón a todo eso? ¿Qué hizo?
¡Eh, muchachos! Decir Parrón estas palabras y rodearme una nube de trabucos, todo fue un abrir y cerrar de ojos. - ¡Jesús me ampare!
Su merced dirá: este gitano es como todos, y quiere engañarme. ¡No me perdone Dios si miento!. Ayer ví a Parrón. - Pero ¿sabes tú la importancia de lo que dices?
¿Sabes que todos los días roba, en distintos puntos de estas sierras, a algunos pasajeros; y después los asesina, pues dice que los muertos no hablan, y que ése es el único medio de que nunca dé con él la Justicia? ¿Sabes, en fin, que ver a Parrón es encontrarse con la muerte?
Yo disimulé que estaba libre, y esperé una ocasión para escaparme. Entretanto decía Parrón a los suyos, señalando al segador: - Ahora podéis robarlo.
Quedamos en lo dicho: fui conducido a la cueva, donde me encerraron, y Parrón montó en su yegua y tomó el tole por aquellos breñales....
- Vamos, ya comprendo... -exclamó el Conde del Montijo-. Parrón ha muerto; tú has quedado libre, y por eso sabes sus señas... - ¡Todo lo contrario, mi General!
Heredia se puso también serio, y dijo con mucho desparpajo: - Pues, señor, vengo a que se me den los mil reales. - ¿Qué mil reales? - Los ofrecidos hace días, en un bando, al que presente las señas de Parrón. - Pues ¡qué!
Parrón vive, y aquí entra lo más negro de la presente historia. Pasaron ocho días sin que el capitán volviese a verme. Según pude entender, no había parecido por allí desde la tarde que le hice la buenaventura; cosa que nada tenía de raro, a lo que me contó uno de mis guardianes.
Una cruel sospecha me tenía desazonado. «¿Será esta gente de Parrón? (me decía a cada instante.) ¡Entonces no hay remedio, me matan!..., pues ese maldito se ha empeñado en que ningunos ojos que vean su fisonomía vuelvan a ver cosa ninguna.» Estaba yo haciendo estas reflexiones, cuando se me presentó un hombre vestido de macareno con mucho lujo, y dándome un golpecito en el hombro y sonriéndose con suma gracia, me dijo: - Compadre, ¡yo soy Parrón!
Yo se la cogí; medité un momento; conocí que estaba en el caso de hablar formalmente, y le dije con todas las veras de mi alma: - Parrón, tarde que temprano, ya me quites la vida, ya me la dejes..., ¡morirás ahorcado!