paraca

paraca

1. s. m. y f. MILITAR argot Paracaidista, soldado que desciende con paracaídas se hizo paraca en la mili.
2. s. m. Amér. Central y Merid. METEOROLOGÍA Viento muy fuerte procedente del océano Pacífico que sopla hacia el interior del continente americano.
Traducciones

paraca

1 SMparatrooper, para

paraca

2 SF (Andes) strong wind from the sea
Ejemplos ?
La intensidad del Paraca disminuye al atardecer, después de las 4 de la tarde, debido a que el continente, o mejor dicho el Gran Tablazo, pierde energía y se enfría rápidamente, convirtiéndose en zona de alta presión.
Abeja Africana. Abeja Pata Pelúa. Abeja Mosca Grande. Enrredacabello. Abeja Paraca. Avispa Carnicera. Tábano. Congo. Lobo Playero.
Algunos niños corrían cogidos de las manos de sus padres. La paraca arreciaba. Cuando desembocamos en la plazoleta para llegar a la casa, el viento era tan fuerte que parecía detenernos.
Eran las seis. La paraca había calmado. Las piedras estaban todas amarillas y todo cubierto por el guano que la paraca traía de las islas lejanas.
Allí, donde las aguas se arremolinan con violencia, hay una corriente impetuosa; y allí, en la roca del centro, está siempre sentada, con su guadaña filuda y estivando los botes que pasan, con malicia e impaciencia de pescador. Y así acaece que cuando "la paraca" lleva por su dominio alguna frágil navecilla, la Intrusa, que está alerta, ¡zas!
Por eso sus hazañas están unidas al recuerdo de "la paraca", aquel viento trágico del sur, durante el cual no salen al mar los pescadores.
Por la tarde volvieron algunos botes de los que la víspera salieran y al medio día del miércoles, que había amanecido con un airecillo precursor, se desató la paraca terrible; silbaba el viento sobre la arena, irisaba el mar, levantaba columnas de polvo, altas y amenazadoras y deshilachábanse las palmeras.
Colábase el viento por entre las cañas de las casuchas, y en medio del turbión que arreciaba, algunas gentes investigaron el horizonte. Llegó un viejo a la puerta de la casucha de Delio: –Buena paraca, don Dámaso...
–Buena, y los muchachos en el mar... –Para la Margarita no hay paraca. Hemos pasado un día por el boquerón con tanto viento como éste y el bote cruzó el remolino, llanito...
Un poco tarde, cuando ya el sol se había puesto apareció un bote, viéronlo llegar todos y al arribo lo rodearon. –¿Dónde los agarró el viento? –Cerca, casi voltea la vela, nunca ha habido una paraca más fuerte. –¿Y pesca?
Y así se perdieron en la inmensidad azul del mar esos tres hombres, jóvenes y buenos, misteriosamente, en una tarde de agosto, en una hora desconocida, mientras la paraca agitaba las olas, los viejos lloraban en el silencioso puerto, el perro aullaba dolorosamente, en la orilla, la brisa decía cosas extrañas y el sol se ocultaba indiferente y rojo.
Al siguiente ya no hubo paraca, muy de mañana esperaban en la orilla los deudos de los tres hermanos y la chica Rosa; y creyendo ver surgir de un momento a otro la blanca vela marina y familiar, esperaron, esperaron en vano.