pantorrilla


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pantorrilla

(Por cruce del lat. pantex, -icis , barriga, con pandorium, bandurria.)
s. f. ANATOMÍA Parte más carnosa y abultada de la pierna entre el tobillo y la corva tuvo que masajearse la pantorrilla para calmar el dolor muscular.
NOTA: También se escribe: pantorra

pantorrilla

 
f. anat. Parte carnosa y abultada de la pierna, por debajo de la corva.

pantorrilla

(panto'ɼiʎa)
sustantivo femenino
parte abultada de la pierna que se ubica por debajo de la corva Las medias le llegaban a la pantorrilla.
Sinónimos

pantorrilla

sustantivo femenino
canilla (Colombia y Perú).
Traducciones

pantorrilla

calf

pantorrilla

mollet

pantorrilla

panturrilha, gémeo

pantorrilla

Wade

pantorrilla

polpaccio, sura, vitello

pantorrilla

رَبْلَة, العجل

pantorrilla

lýtko, tele

pantorrilla

læg, kalv

pantorrilla

pohje

pantorrilla

list noge

pantorrilla

ふくらはぎ

pantorrilla

종아리

pantorrilla

kuit, kalf

pantorrilla

legg

pantorrilla

łydka, cielę

pantorrilla

икра

pantorrilla

vader, kalv

pantorrilla

น่อง

pantorrilla

baldır

pantorrilla

bắp chân

pantorrilla

小腿, 小牛

pantorrilla

теле

pantorrilla

小牛

pantorrilla

עגל

pantorrilla

SF
1. (Anat) → calf
2. (Andes) (= vanidad) → vanity

pantorrilla

f. calf of the leg.

pantorrilla

f (anat) calf
Ejemplos ?
-Porque esta noche hay juerga en ca de la Tururú, y estoy convidá a esa juerga, y no es cosa de que vaya con alpargatas valencianas. Y al decir esto, la Rabicortona descubría el pie, y además del pie algo también de la tentadora pantorrilla.
Además de los representantes del sexo viril, no el mas débil dejaba de tener allí representación valiosísima, y sentadas, acá y acullá también, sobre el mal empedrado suelo, lucían sus haraposas vestiduras de colores, si vivos un tiempo, ya un tantico apagados por antiguas suciedades; los semblantes renegridos, algunos de gracioso perfil y ojos magníficos; los pies descalzos y el principio de la pantorrilla curtidos por la intemperie y el pelo sucio y aceitoso, cayéndole sobre la nuca en enorme castaña, engalanado con alguna flor de tallo larguísimo y de perfumado broche.
Bruñendo los cuadros horizontales, se quebraba contra ellos en finas aristas, según las resquebrajaduras del barniz; y de todos aquellos grandes cuadros negros enmarcados en oro se destacaba, acá y a11á, alguna parte más clara de la pintura, una frente pálida, dos ojos que parecían mirarte, unas pelucas que se extendían sobre el hombro empolvado de los uniformes rojos, o bien la hebilla de una jarretera en lo alto de una rolliza pantorrilla.
Y pensando en la cosa estupenda que podía ocurrir algún día en el portal, sentía el viejo hervirle la sangre, y tal vez hubiérase ido del seguro, a no penetrar en aquel momento en su establecimiento con un quitasol convertido en paraguas por la necesidad, Dolores la Rabicortona, una hembra alta, gallarda, redondeada por la plenitud de la vida, ondulando al andar la cintura, esbelta sir presión de artificio alguno, vibrándole al andar el seno redondo, y con el pelo rubio cayéndole sobre la frente y la nuca en artística rebeldía; una mano recogiéndose la falda de coco, poniendo al descubierto al andar un pie y el principio de una pantorrilla...
Cuando penetró Joseíto en la habitación y vio a Rosario sentada en la mecedora, luciendo parte del brazo de intensa blancura y ceñido en la muñeca por anchas pulseras doradas; cruzadas las piernas de modo que dejaba ver el nacimiento de la pantorrilla que amenazaba hacer estallar la finísima media, y que ponía de relieve la magnífica redondez del muslo; libre la redonda garganta que ceñía un collar dorado, cuyos dijes reposábanle sobre la retadora curva del arrogante seno; cuando vio de aquel modo Joseíto a la Carabina, sintió algo que se le ponía sobre el corazón, y, tras algunos instantes de silencio y de mirar a Rosario como un náufrago la playa, exclamó trémulo y emocionado: -¡Ay, comadre de mi vía!
-Dos horas casi de danza en los Chaparrales, lo que ese pícaro me tiene que pagar es el haberme lisiao al Cantimplora, que ha salido con un balazo en la cabeza, y a Paco el Dueña, con otro en una pantorrilla.
Rosita, la bailaora, taconeaba como impaciente por lucir sus habilidades y su maravillosamente torneada pantorrilla en los voluptuosos giros del baile.
Esas señoritas se guardarán muy bien de enseñar en la calle media pantorrilla, y aquí no se les da una higa por correr en pernetas por el arenal y recibir a sus amigos en camisa...
cababa Rosarito -cuando la sacamos a relucir- de cumplir los diecisiete años y de recatar del todo, a la vista de los muchos golosos y mirones del barrio, la torneada pantorrilla, gracias a Antoñico el Borricote, que no había dejado de martillar un solo día cerca de su futura madre política, diciéndole con abrumadora insistencia: -¡Eso no puée ser, señá Frasca!
Fraccionóse, pues, el círculo en secciones; y en una se contaba el cuento de Juan del Oso, en la otra se criticaba, en ésta se cantaba y en aquella se hablaba de la cosecha, sin que faltasen manotazos o coscorrones por aquí y por allá, pues aquellos mozos también eran de carne y hueso, y no siempre, buscando una panoja oculta entre las hojas apiladas, topaban con ella al momento y sin tropezar antes con tal cual pantorrilla extraviada, cuya dueña, aunque con la risa en los labios, protestaba con el puño cerrado contra la equivocación.
El encaje de seda negra de la media transparentaba la blancura del pie angosto y largo y de la pantorrilla de túrgida curva, descubierta por la falda negra donde lucía el brillo mate de los azabaches.
La Niña de los Lunares se recogió graciosamente la falda color rosa de amplísimos volantes, dejando en descubierto el pie arqueado y prisionero en reducidos zapatos de piel finísima, y el principio de una pantorrilla capaz de quitarle el sueño a un cataléptico...