palma de la mano

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palma de la mano

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palm

palma de la mano

palma, palmo
Ejemplos ?
Las once y media, aun las doce sonaron a veces, sin que él se decidiera a soltarme las manos, y sin que lograra yo arrancar mi mirada de la suya. Se iba por fin, y yo quedaba dichosamente rendida, paseándome por la sala con la cara apoyada en la palma de la mano.
-Pos endispués, asín que lo vide tan lleno de relumbrones le dije que a mí no me gustaban los hombres con caenas, y que le dijera ar Toneles que me alegraba de verlo güeno y, naturalmente, aún está er Toneles que habla solo y se muerde hasta la palma de la mano.
-Denle, denle la palma de la mano a la niña, y con qué haga la cruz -dijo la vieja-, y verán qué de cosas les dice; que sabe más que un doctor de melecina.
Lo cual visto por Preciosa, dijo: -Todas las cruces, en cuanto cruces, son buenas; pero las de plata o de oro son mejores; y el señalar la cruz en la palma de la mano con moneda de cobre, sepan vuesas mercedes que menoscaba la buenaventura, a lo menos la mía; y así, tengo afición a hacer la cruz primera con algún escudo de oro, o con algún real de a ocho, o, por lo menos, de a cuatro, que soy como los sacristanes: que cuando hay buena ofrenda, se regocijan.
– Es rarísimo, efectivamente –opinó el empleado–. Tiene el sitio de la nariz tan liso como la palma de la mano. Sí, sí, increíblemente liso...
Y Lola diciendo esto, apoyó un codo en una rodilla y la barba en la palma de la mano, y quedóse mirando irónica y fijamente al viejo.
Además, hubiera notado dolor y, desde luego, la herida no habría podido cicatrizarse tan pronto y quedar lisa como la palma de la mano.
Y cata que al ángel caído, lo que más le llamó la atención en la fisonomía de los hombres, fué el bigote; y suspiró por tenerlo, y se echó á comprar menjurjes y cosméticos de esos que venden los charlatanes, jurando y rejurando que hacen nacer pelo hasta en la palma de la mano.
Y sentado, momentos después, a su lado, el Bellotero, preguntábale mientras vaciábase en la palma de la mano tabaco en cantidad suficiente no ya para hacer un cigarro de grueso calibre, sino para rendir al fumador mis empedernido: -¿Y se puée saber, amigo, y usté isimule la curiosiá, a qué va su mercé a jacer en Triquitraque?
Igualmente sabrá vuesa merced cómo todas las vísperas de alboroto, que según parece va a ser el pan nuestro de cada día, se deberán afeitar como la palma de la mano todos los que tengan bigote, por ser incompatibles estos cuatro pelos con el orden y la libertad racional.
Tenía la cabeza inclinada sobre la palma de la mano derecha y el brazo sobre las rodillas, los ojos a la parte contraria de la puerta por donde entró Mario, de manera que, aunque él iba hacia la parte donde ella estaba, ella no le veía.
Les dolió el corazón de dejar solo a su padre viejo, y decir adiós para siempre a los árboles que habían sembrado, a la casita en que habían nacido, al arroyo donde bebían el agua en la palma de la mano.