pañuelo de seda

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pañuelo de seda

foulard
Ejemplos ?
El examinador se dirigió al extremo de la mesa y desató un pañuelo de seda que había sido colocado bajo la barbilla y atado sobre la cabeza.
El caso es que llevaba el rostro envuelto en un pañuelo de seda negra y el sombrero encaramado encima, lo que no le embellecía mucho que digamos.
Su casaquilla de hilo rayado con vivos rojos, el bonete de cuartel, el pañuelo de seda al cuello, la banda dorada al pecho con el canuto de la licencia, la tez descolorida, el bigotillo picudo y la media romana de corista italiano, habíanse metido en el corazón de todas las chavalas y lo hacían latir con un estrépito sólo comparable al frufrú de sus faldas de percal almidonadas en los bajos hasta ser puro cartón.
Si hay música en la Plaza Vieja, allí están ellas, con un pañuelo de seda echado sobre la cabeza, rompiendo las masas para examinar hasta la última cara de los circunstantes y el último escondrijo de la plaza.
Y piensa también que si va con la tropa, ganará bastantes pesos para traerle de regalo un lindo pañuelo de seda, lo que, muchas veces ablanda los corazones y vence las resistencias.
El instinto hizo resonar en él su voz poderosa, y arrancándose el pañuelo de seda que le servía de corbata, se lo llevó al costado oprimiendo con él la herida, y en aquel momento un extraño de la montura al desesperado latir de un perro, le despidió bruscamente arrojándole a algunos pasos de distancia sobre un terreno blando y movedizo.
Arropada en recio mantón de lana, y oculta la rica cabellera por un pañuelo de seda celeste, de vez en cuando sus manos de color de jazmines marchitos, crispábanse al estrechar el mantón, arrebujándose en él al conjuro del escalofrío.
Tales palabras se cruzaban, hace cuatro navidades próximamente, entre Carmen, hermosa criatura de diecinueve años, que llevaba dos rodando por los cafés y por las calles de Madrid con el mantón sobre los hombros y el pañuelo de seda sobre la cabeza; y Antonio, un estudiante de medicina, tan poco aficionado a los goces de la familia, como amigo de divertirse y de gastar alegremente el dinero que le mandaban sus padres para matrículas y otras atenciones de la carrera.
La vi arrodillada y de espaldas; un pañuelo de seda oscuro cubría su cabeza, y, por la postura, casi barría el suelo el cabo ondeado de sus trenzas rubiales, comprimido por una cinta negra, como haz de hebras de luz que asiese apretadamente una mano.
Así consideradas, sólo pueden distinguirse las unas de las otras en cuanto representan cantidades mayores o menores de trabajo; así, por ejemplo, en un pañuelo de seda puede encerrarse una cantidad mayor de trabajo que en un ladrillo.
En el centro, el santasantorum: un sudadero de junco por techumbre; por columnas, dos popos forrados en el mismo papel que tapiza la sala de Don Juan; a lado y lado, como guardianes del recinto, sendos reyes de espadas recortados primorosamente por la fina tijera de Perjuicia; detrás de ellos, dos caracoles marinos, ornato de las mesas de misiá Nicolasa; un pañuelo de seda verde vela el misterio.
Velan y ciñen las sagradas turgencias de sus formas un pañuelo de seda, purpurino, y un blanco traje de percal, crujiente completando su linda vestidura el manto brillador de sus cabellos que desatados por su espalda ruedan.