pérfido

(redireccionado de pérfida)
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pérfido, a

(Del lat. perfidus .)
adj./ s. Se aplica a la persona que engaña a los que confían en ella resultó ser un socio pérfido y traidor. desleal, traidor

pérfido, -da

 
adj.-s. Desleal, infiel o traidor, que falta a la fe que debe.
Pérfida Albión. Locución de origen francés, que se aplica a Inglaterra.

pérfido, -da

('peɾfiðo, -ða)
abreviación
1. persona que es muy mala o desleal con quienes confían en ella una mujer pérfida y maliciosa
2. característica que es propio de estas personas Echó una mirada intrigante y pérfida a los presentes.
Sinónimos

pérfido

, pérfida
Traducciones

pérfido

hinterfotzig

pérfido

pérfido

pérfido

perfido

pérfido

ADJperfidious, treacherous
Ejemplos ?
La Bestia permanece frente a nosotros, y allá, en el fondo sanguinolento de su pupila pérfida, fosforece el reto y la injuria, mientras sus garras se emergen voluptuosas en cuajarones de sangre libertaria, de sangre que es la nuestra.
Mas quiero un poco postergar a un lado la historia de la pérfida Orrigila, que había a sus amantes traicionado no ya una sola vez, sino una pila; e ir a ver el haz desmesurado de los doscientos mil que ahora se apila alrededor de la ciudad del Sena, y causan a sus muros daño y pena.
No lisonjeros plácemes oyendo, su vanidad en el estrado sacia, no; lejos de los muros de la villa muerde la tierra que su sangre baña. ISABEL. ¡Qué horror! ¿Le has muerto? MARSILLA. ¡Pérfida! ¿te afliges? Si lo llego a pensar, ¿quién le librara? ISABEL. ¿Vive?
No allí con varoniles ejercicios se endurece el mancebo a la fatiga; mas la salud estraga en el abrazo de pérfida hermosura, que pone en almoneda los favores; mas pasatiempo estima prender aleve en casto seno el fuego de ilícitos amores; o embebecido le hallará la aurora en mesa infame de ruinoso juego.
Soy un verdadero juguete de las circunstancias, cuyo torrente no pude nunca resistir, y que así me envolvieron como envuelven los violentos remolinos de una olla al inexperto nadador que se arrojó incauto en la pérfida corriente del caudaloso río.
-Me has despojado de cuanto poseía --dijo mi tía-, y durante muchos años me has endurecido el corazón. Me has tratado de la manera más pérfida, más ingrata y más cruel.
Sentada ella en el piano, al vibrar bajo sus dedos nerviosos el teclado de marfil, se extendía en el aire dormido la música de Beethoven, y en la semioscuridad, evocada por las notas dolientes del nocturno y por una lectura de Hamlet, flotaba pálido y rubio, arrastrado por la melodía como por el agua pérfida del río homicida, el cadáver de Ofelia, Ofelia pálida y rubia, coronada de flores...
Entran los ejércitos franceses al abrigo de la más negra perfidia, inundan aquellas fértiles provincias que prestaban las materias primeras y el verdadero comercio que fomentaban la circulación de aquel entrepuerto: resulta por consiguiente un gran vacío en el antiguo giro, de que no debe culparse sino a la pérfida conducta de la Francia y a los desgraciados sucesos de nuestra Metrópoli; ¿qué culpa tiene Buenos Aires de que Cádiz no pueda remitirle las producciones nacionales que estaba en posesión de importar, o de que no pueda distribuir en el Reino los frutos que antes se repartían por aquel conducto?
Me pareció que cuando no se ha hecho a alguien el bien que debía hacérsele, había cierta voluptuosidad malvada en hacerle el mal, y mi pérfida imaginación me inspiró esta travesura libertina contra aquel mismo Petignon, hijo de mi benefactora, a quien había sido encargada de entregar una fortuna bien atractiva, sin duda, para el infeliz y que yo empezaba ya a derrochar en locuras.
Te amo despreciándote como se adora a ciertas mujeres que nos seducen con el sortilegio de su belleza sensual y sé bien que los pies de Helena no huellan tu suelo, ¡oh pérfida y voluptuosa Babilonia!
Como por el Caballo lusitano, la Oveja confinada en vil encierro, la Cabra y el doméstico Marrano, y así de los demás; menos el Perro, que por su natural inclinación hacia los hombres, se le imputa el yerro de la más alta y pérfida traición, y en cuantas tiene más de treinta castas proscrito lo declara la nación.
No solamente temía que el marido puesto en libertad armase ruido al advertir a qué precio había sido salvado, sino que el canalla experimentaba un placer más agudo haciéndose entregar lo que deseaba sin dar nada a cambio. Sobre todo esto se habían ofrecido a su espíritu episodios de maldad que aumentaban su pérfida lubricidad.