Ejemplos ?
pinchazos, calambres, entumecimiento, tensión, piernas débiles, pérdida de sensibilidad, palidez. sensación de orinar o evacuar, entre otros.
Coloca a una mujer casada sobre una cama, la encoña mientras la hija de esa mujer, colocada en perspectiva encima, le hace besar su coño; al instante siguiente posee a la hija mientras besa el agujero del culo de la madre. Cuando besa el sexo de la hija, la hace orinar; cuando besa el culo de la madre la hace cagar.
La llena de bebida, luego le cose el coño y el culo; la deja así hasta que la ve desmayarse por la necesidad de orinar o cagar sin poder lograrlo o hasta que la caída y el peso de sus necesidades llegan a romper los hilos.
Efectuado este preparativo, el reverendo, más cariñoso que su cofrade, se puso a besarme y, bromeando, desató mis faldas y, levantándome la camisa sobre mi corpiño, a pesar de mi breve defensa, se apoderó de todas mis partes delanteras que acababa de poner al descubierto, y tras haberlas manoseado y examinado, me preguntó si no tenía ganas de orinar.
Dío Fetente salió a orinar a la terraza, luego sentóse en un cajón, se quitó la gorra y los botines, arreglóse prolijamente la bufanda en torno del cogote y preparado para afrontar el frío de la noche, prudentemente entró en el catre, cubriéndose hasta la barba con las mantas, unas bolsas de arpillera rellenadas de trapos inservibles.
Todos se regocijaron, porque el vasco Delavene era un salvaje. Un hombre dobló en la esquina y Delavene comenzó a orinar. El desconocido se hizo a un lado, pero el «vasco» casi atropellándolo, lo mojó.
Te traigo, como ves, todo lo que te he prometido y aún algo más. Aquí tienes un bacín para cuando te entren ganas de orinar. Te lo suspenderán de un clavo y al alcance de la mano.
La mujer, en pie junto a la valla: después de la escena de la riña estuvo paseando por la orilla del Danubio y aprovechó lo solitario de aquellos lugares para orinar contra una valla.
Su sueño reúne las dos ocasiones en que siendo niño le fue dado contemplar los genitales de sus infantiles compañeras: al derribarlas jugando y al orinar.
Estos prudentísimos varones précianse de honrados, son hipócritas, vanse a las conversaciones de cientos, juego acomodado para esta gente, pues hay hombre que se está dos días sin comer ni beber ni orinar.
Se mete en una bañera a la que treinta mujeres acuden para orinar y cagar en ella y así llenarla; él eyacula mientras recibe y nada en todo aquello.
En este momento despierto con ganas de orinar.» Todo este sueño da, en conjunto, la impresión de una fantasía, que traslada al durmiente al año revolucionario de 1848, evocado en mi pensamiento por la reciente celebración de su cincuentenario (1898) y por una excursión a Wachau durante la cual estuve en Emmersdorf, localidad que creí erróneamente había constituido el retiro de Fischhof, el leader de los estudiantes al que aluden algunos detalles del contenido manifiesto.