Ejemplos ?
Un peón había tenido tiempo de asestarle un machetazo en la oreja, y el animal, al trote, el hocico en tierra y el rabo entre las patas delanteras, había cruzado por nuestro camino, mordiendo a un potrillo y a un chancho que halló en el trayecto.
«¡Morir!, ¡morir por tí!», murmura el hombre junto a una oreja sonrosada, cuando, agotadas las frases de adoración, se esfuerza por concentrar en una definitiva y suprema frase todo su apasionamiento.
Así que al par aplicando con oportuna destreza ya el ojo para mirar, ya para escuchar la oreja, logró entender, si no cuanto su curiosidad quisiera, cuanto basta a quien importa para que todo lo entienda.
Pero exhibirlas en el drama social, íntimo, contemporáneo, en que campean tipos, costum- bres y hasta personas que nos son más conocidas y familia- res que el agujero de la oreja...
El rey de aquel país era un rey valeroso pero absolutamente infeliz. Pasó una tarde cerca de la cabaña y puso la oreja junto a la puerta para escuchar una voz que sollozaba.
Y si alguno de nuestros hijos, nietos o parientes cayere, por alguna desgracia, en manos de la justicia, ¿habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escribano como destos escudos, si llegan a sus bolsas?
-Nada más que un poquitín, ¡cinco menutos siquiera! Y a la misma cerradura pegaba el pobre la oreja, para escuchar si volvía la su idolatrada Nela.
Si el príncipe no sabe por muchos, muchos son los que le engañan; pues quien juzga por lo que oye, y no por lo que entiende, es oreja y no juez.
Los muchachos le dan mayor fatiga, pues, además de atormentar la oreja, lo habrían a pedradas mil corrido, si no es por los más sabios defendido.
; Tarde segunda. El Rasca moño, blanco, de Lurinchincha. El Pucho á la oreja, frazada, de Chancaillo. El Saca candela, frontino, de Esquivel.
Los que estaban con Jesús vieron lo que iba a pasar y le preguntaron: "Maestro, ¿sacamos la espada?" 50. Y uno de ellos hirió al servidor del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha.
Calixto, ceñudo, se tragaba sus cavilaciones y sospechas malignas. ¡Vamos, no podía ser! Tarde o temprano, Tolina enseñaría la oreja. Si ahora se portaba bien sería por algo...