Ejemplos ?
Acabar con un coloquio y un Pater noster. EMODOS-DE-ORAR TRES MODOS DE ORAR, Y 1º SOBRE MANDAMIENTOS. La primera manera de orar es cerca de los diez mandamientos, y de los siete peccados mortales, de las tres potencias del ánima, y de los cinco sentidos corporales; la qual manera de orar es más dar forma, modo y exercicios, cómo el ánima se apareje y aproveche en ellos, y para que la oración sea acepta, que no dar forma ni modo alguno de orar.
No me atrevo a libar el negro vino en honor de Zeus sin lavarme las manos, ni es lícito orar al Cronión, el de las sombrías nubes, cuando se está manchado de sangre y polvo.
Una voz de convicción le gritaba que no era aquello fenómeno histérico, arranque místico; y don Jorge, por la primera vez después de muchos años, sintió el impulso de orar como un creyente, de adorar con el cuerpo también, y se incorporó en su lecho, y al notar que las lágrimas ardientes, grandes, pausadas, resbalaban por su rostro, las dejó ir, sin vergüenza, humilde y feliz, ¡oh!
Los magnánimos epeos estrechaban el cerco de la ciudad, deseosos de destruirla, pero antes de lograrlo se les presentó una gran acción de guerra. Cuando el resplandeciente sol apareció en lo alto, trabamos la batalla, después de orar a Zeus y a Atenea.
Abatido y consternado se le miraba en el templo, como quien están en batalla con gigantes del infierno, y pide al Omnipotente para tal combate esfuerzo, y después de orar un rato, y aun de verter llanto acerbo, dijérase que encontraba, de misericordia lleno, al Señor a quien auxilio demandaba en tanto aprieto.
Viéndolos turbados y viéndose herido, quiso Bruto sosegarlos con razones y orar; mas, como el temor del pecado empiece ciego y acabe sordo, se halló sin oyentes; porque, atentas sus almas al razonamiento interior de sus conciencias, poseídas de horror, derramando frío temeroso en sus corazones, temblando, y con ímpetu desordenado por salir del Senado unos antes que otros, se embarazaban en la puerta su propia fuga.
Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente. 6.46. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. 6.47.
La abadesa se levantó penosamente; el reuma la tenía medio baldada, y gran parte de su penitencia era el arrodillarse para orar, sin cojines ni reclinatorio.
Su alimento era un puñado de hierbas cocidas; su cama, dos quilmas sin paja; su ropa interior, un burdo tejido de Cilicia que llagaba la delicada piel; y cuando se levantaba para orar, en las noches de enero, después de tomar una hora de descanso sobre las losas húmedas, que quebrantaban sus huesos todos, apenas podía sostenerse de debilidad y las palabras del rezo se confundían en su boca.
Y aunque la moneda de oro estaba muy apretada en mi mano, el miedo también estaba muy apretado en mi corazón, y comencé a orar para que el Profeta iluminara la noche de mi ceguera y me enviara alguna esclava piadosa que me hiciera salir de allí.
Si hoy no me mata el placer no debo nunca morir. ¡Dame tu tierra a besar; y puesto en ella de hinojos déjame dejar brotar las lágrimas de mis ojos y a Dios un momento orar!
Para que vosotros, voluntarios de España y del mundo, vinierais, soñé que era yo bueno, y era para ver vuestra sangre, voluntarios... De esto hace mucho pecho, muchas ansias, muchos camellos en edad de orar.