Ejemplos ?
En esto dicen la verdad, porque el poeta es un ser alado, ligero y sagrado, incapaz de producir mientras el entusiasmo no le arrastra y le hace salir de sí mismo. Hasta el momento de la inspiración, todo hombre es impotente para hacer versos y pronunciar oráculos.
Los antiguos dioses, cuando necesitaban oráculos, sólo hablaban por las bocas pálidas de los sacerdotes, cubiertas de hilos de plata.
Pero la mayor gloria propia de Tomás, alabanza no participada nunca por ninguno de los Doctores católicos, consiste en que los Padres tridentinos, para establecer el orden en el mismo Concilio, quisieron que juntamente con los libros de la Escritura y los decretos de los Sumos Pontífices se viese sobre el altar la Suma de Tomás de Aquino, a la cual se pidiesen consejos, razones y oráculos.
¿No oís, no veis las flechas aladas que vuelan del arco manejado con firmeza? ¡Ah, ah! ¿Qué esperáis? Subid con vuestras alas á la cima del Eter y acusad á los oráculos de Febo. ¡Ah! ¿por qué desfallezco?
Tiene bosques sagrados y templos que verdaderamente son morada de los dioses, que dan testimonio de su presencia por los oráculos, profecías e inspiraciones, y por todos los otros signos de su comunicación con ellos.
¿Cuál la utilidad de la circuncisión? 2 Grande, de todas maneras. Ante todo, a ellos les fueron confiados los oráculos de Dios. 3 Pues ¿qué?
Ábrese el teatro, y a esta hora creo que voy a salir para siempre de dudas, y conocer de una vez al público por su indulgencia ponderada, su gusto ilustrado, sus fallos respetables. Ésta parece ser su casa, el templo donde emite sus oráculos sin apelación.
Respondióle Aquileo, el de los pies ligeros: — Manifiesta, deponiendo todo temor, el vaticinio que sabes, pues, ¡por Apolo, caro a Zeus, a quien tú, oh Calcante, invocas siempre que revelas los oráculos a los dánaos!, ninguno de ellos pondrá en ti sus pesadas manos, junto a las cóncavas naves, mientras yo viva y vea la luz acá en la tierra, aunque hablares de Agamemnón, que al presente blasona de ser el más poderoso de los aqueos todos.
Algunas margaritas habían retoñado. ¡Qué hèrmosas margaritas dijo él para proporcionar muchos oráculos a todas las enamoradas del país!
¿Y es á Apolo, que, sentado en el ombligo de la tierra, revela á los mortales oráculos segurísimos, y á quien obedecemos en todo, ordene lo que ordene?
Esperé con sorpresa sus propósitos, los oráculos que me iba a comunicar, porque, lo confieso, creía yo que mi consagración era completa hacía ya tiempo.
Sucedió que al ir nosotros al lugar de oración, nos vino al encuentro una muchacha esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos.