oquedad

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oquedad

1. s. f. Hueco en el terreno o en un cuerpo en las oquedades del acantilado crecían unas bonitas plantas. hueco
2. Falta de sustancia en lo que se escribe o se dice el público criticó la oquedad de su discurso político. insustancialidad

oquedad

 
f. Espacio hueco en el interior de un cuerpo.
fig.Insustancialidad de lo que se habla o escribe.

oquedad

(oke'ðað)
sustantivo femenino
1. cavidad en un cuerpo vacío un tronco con oquedades
2. falta de contenido en lo escrito o dicho la oquedad de un texto
Sinónimos

oquedad

sustantivo femenino
Traducciones

oquedad

hollow

oquedad

SF
1. (= cavidad) → hollow, cavity
2. [de escrito, habla] → emptiness, hollowness
3. (= vacío) → void
Ejemplos ?
Aún parecía escucharse su risa contagiosa en las oquedades de aquella mansión de antigua aristocracia y su voz de antaño, dulce, melodiosa, armónica, sólo era conservada entre los despojos de lo que había sido su recámara de quinceañera.
Estos días que en la sierra se embravecen, por la sierra nadie vaga... Toda cría se repliega en las honduras de cubiles o cabañas, de calientes blandos nidos o de enjutas oquedades subterráneas.
No eras para mi camino vasto, cisne cegante de resplandores, porque tus pasos de hierba traicionaron apariencias y la dejaron al caos de tu egoísta quimera. No eras para mi rincón alado de moléculas cantoras, porque tu grito impostura se extinguió en las oquedades de tu aventura...
RITMOS Tomaré tus fragancias de playa —olas, oleajes, olear...— para hacer mis ropajes de fuego —llama, flameante, flamear— y al sentir tu vehemencia de nácar —perla, torcaz y coral— orlaré mi fatiga de rosas —rozante, rosado, rosal...— Palparé voluptuoso tus ondas —volutas, volantes, voladas— al matiz de tu abrazo soñado —soñador, soñoliento, sonámbulo— y agrietado mis huecos sin nombre —anónimo, antónimo, homónimo...— dejaré penetrarme tus cantos —cantores, cantando, cantantes— y vistiendo tus ritmos callados —percusiones, alientos y cuerdas— entre músicas nunca sentidas —electrón, contrapunto, oquedades— precipitaré mi cuerpo ::—eco— ::::al desnudo fondo ::::::—cosmos— de tus sinfonías...
Pusilánime espantajo que soñaste florecer en amistades con los trinos que en fragmentos te cercaron y al palpar tus oquedades de hojarasca te dejaron el letargo de sus giros en el centro de tu mundo sin confín y sin inicios… Campesino espantapájaros, te sentiste poseído de grandezas y sólo descubriste la miseria de tu mundo hecho de ramas y despojos.
En sus silentes oquedades yermas mis grutas borraron inclementes las estatuas frágiles —piedras inconexas— hasta romper los cinceles de mi fantasía —lubricismo triste de vacíos senectos— Entonces cavó el nido la arenaria ausencia… —soledosa huella— con sus giros lánguidos, vueltos osadía… Y rebelde de sumisiones ante la noche carnaval quiso colmar mi vacuidad obsesa con la presencia turbia —anónima— de ahogados cuerpos, pobladores después de mi abandono.
299) = En las gargantas del río Loire dos oquedades se hallan unidas por un canal que hay en la cara superior de una roca que forma parte de las vastas rocas de escollos puntiagudos y como dentados que el pueblo llama “el castillo de los sarracenos”.
Si la tierra sórdida que por las vastas oquedades enrolla su curva esclava, diese fin a sus rondas y resultara desvanecida en borlas de tenue gasa...
Ahora tengo mi luz, tú eres más mujer y menos virgen. Comprendes el significado de mis brazos y la noche vibra sus oquedades en tu alma capullo.
En estas paredes abundan las oquedades, grietas y resaltes en los que se han establecido especies rupícolas (que se crían en las rocas) y donde anidan muchas aves.
Las larvas de esta especie se desarrollan en recipientes donde existan pequeñas cantidades de agua sobre todo si se hallan en lugares sombreados como por ejemplo jarras, cubos, floreros, platos de macetas y otros objetos conteniendo agua en jardines, patios y descampados. Su criadero larvario original consiste en oquedades llenas de agua en árboles.
El municipio atesora uno de los principales yacimientos arqueológicos de la isla de la Palma, la llamada Cueva de Belmaco (en realidad, se trata de varias oquedades cercanas entre sí), donde se hallan petroglifos de la época prehispánica, cuando el pueblo benahoarita vivía en la isla.