Ejemplos ?
¿Qué fué de aquel tiempo, oh río, En que de los Berengueres ::Las banderas Ondeaban con noble brío Del Monserrat en las cimas ::Altaneras?
La mano de Grignr comenzó a extraer su hoja de su alojamiento encuerado, pero retrasó el movimiento frente a las hojas que ondeaban ante su cara.
Los trajes grises se confundían con el color del suelo y de la atmósfera; sobre las dos siluetas palpitaba algo brillante; más abajo ondeaban dos guiñapos obscuros...
La hija iba de blanco, fina y exquisita. Cintas de seda verde ondeaban como juncos entre sus dorados rizos, coronados por una guirnalda de lirios de agua.
Unos llevaban resplandecientes armas del más puro metal, y cascos en cuya cimera ondeaban plumas y festones; otros vestían lorigas de cuero finísimo, recamadas de oro y plata; otros cubrían sus cuerpos con luengos trajes talares, a modo de senadores venecianos.
En los campos, las mieses ondeaban como el mar; en los ribazos crecían flores rojas y amarillas, y en los setos prosperaba el lúpulo silvestre y la florida enredadera.
Plantose ésta en mitad del establecimiento, la siniestra mano en un ijar, y en la otra, como un abanderado su bandera, una a modo de tienda portátil en el extremo de una caña, sobre cuyos entrenzados carrizos ondeaban randas, puntas y encajes, a modo de blanquísimos gallardetes; plantose Currita -repetimos- en medio del hondilón y sin dignarse contestar a la pregunta de Paquiro, exclamó encarándose con el Penitas: -A ti, mozo güeno, a ti es a quien viene buscando Currita la Quinquillera.
Hubiérase creído, en vista del considerable y variado número de banderas que ondeaban los techos, miradores, balcones, puertas y ventanas, que Lima engalanada se preparaba como en los días de sus frecuentes festivales a entregarse gozosa y aturdida a los placeres que la han enervado.
Y éstos, alejándose de las naves, corrían por la llanura con suma rapidez: la polvareda que levantaban envolvíales el pecho como una nube o un torbellino y las crines ondeaban al soplo del viento.
Estas dos banderas ondeaban fraternalmente una junto a la otra, ilustrando así lo compleja que era la estructura de poder de aquella época, teniendo por un lado al Estatúder, que era siempre un miembro de la Casa de los Orange, y por otro lado, a los Estados Generales.
El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, visitó al líder libio, Muamar el Gadafi, para buscar una solución negociada al conflicto armado, llegando a Trípoli el 30 de mayo donde fue recibido por un grupo de niños que coreaba: “Queremos a Gadafi” mientras ondeaban banderas verdes y fotografías del líder.
Cerca de la Universidad de Bucarest los jóvenes ondeaban banderas rumanas con el escudo cortado, tal como había ocurrido en Timişoara.