oliera

oliera

(Derivado de óleo.)
s. f. RELIGIÓN Vaso usado para guardar el óleo o crisma de las ceremonias litúrgicas cristianas.

oliera

 
f. liturg. Vaso del santo óleo.
Ejemplos ?
Estas visiones y alucinaciones afectaron físicamente a sus sentidos corporales, haciendo que ella oyera sonidos y oliera olores desconocidos y extraños.
Nueve especies se encuentran en el sur de África, cinco especies de América del Sur (Parra, 1998) y Xanadoses nielseni fue recientemente descrita en Nueva Zelanda (Hoare y Dugdale, 2003). Cecidoses Dicranoses Eucecidoses Oliera Ridiaschina Scyrothis Xanadoses Burks, R.A.
En marzo de 1994, Madonna apareció como invitada en el programa Late Show with David Letterman, donde utilizó palabras soeces que debían ser censuradas en la televisión y entregó a Letterman un par de ropa interior pidiéndole que la oliera.
Los Reyes del Hierro siguieron acosando las costas de Poniente, se dice que el rey Qhored llegó a inspirar terror desde cualquier lugar que oliera a sal marina y se pudiera sentir el rugido de las olas.
En marzo de 1994, apareció como invitada en el programa Late Show with David Letterman, donde utilizó palabras soeces que debían ser censuradas en la televisión y entregó a Letterman un par de ropa interior pidiéndole que la oliera.
Los brahmanes guardaron el cuerpo de Nimi en sustancias aromáticas (para que su carne no oliera a putrefacción) y continuaron el sacrificio.
El Sr. Lewis plantó cerca de la casa para que su dulce fragancia se oliera en las ventanas de la casa en junio. Teniendo en cuenta los muchos arbustos poco comunes en cada lado, como viburnum perfumados, madreselvas y Mahonias olorosas.
Todavía me sorprende el no haberle dicho: -Máteme, miss Mills, por piedad; ¡quiero morir aquí! Después Dora alargó mis flores a Jip para que las oliera, y Jip se puso a gruñir y no quiso olerlas.
Entonces Dora las acercó a su hocico para obligarle, y Jip cogió una rama de geranio entre sus dientes y la destrozó como si oliera una bandada de gatos imaginarios.
96 Si algo a los mudos sepulcros grato y acepto acaecer, Calvo, de nuestro dolor puede, por la nostalgia con que renovamos los viejos amores, y aun, otrora perdidas, lloramos las amistades, ciertamente no tan gran dolor por su muerte inmadura tiene Quintilia, cuanto se goza del amor tuyo. 97 No –así los dioses me amen– que algo importaba, pensé, si la boca o el culo yo le oliera a Emilio.
El tabernero de la esquina, el mojigato de la vecindad, el cristiano viejo sin un abuelo que oliera a hereje, el sacristán de amén, parecíanos Muza o Tarik, grandes sultanes de serrallo, incapaces de probar el torrezno y de respirar el vino así que vestían los pantalones bombachos de seda amarilla, las fajas multicolores, las chaquetas bordadas de lentejuelas, los turbantes de gasa llenos de alharacas, las babuchas de tunecino tafilete.
Con motivo de la matanza del cerdo a veces se gastaban bromas a las familias que estaban reunidas en las casas colocando el desahumerio (una lata con brasas en la que se echaban pelos de animal para que oliera mal).