Ejemplos ?
Después de haber elegido mi asiento en las oficinas y de haber escrito al lado de mi nombre: «En el pescante», y de haber dado media corona al tenedor de libros por que me lo reservara; después de haberme puesto un gabán nuevo expresamente en honor de aquel eminente lugar; después de presumir mucho de it en él y parecerme que hacía honor al coche; después de todo eso, he aquí que a la primera insinuación me dejo suplantar por un hombre desarrapado, que no tiene más mérito que el oler a cuadra y ser capaz de pasar por encima de mí con la ligereza de una mosca mientras los caballos van casi al galope.
No para en los adornos su locura; Hace estudio de gestos y de acciones A costa de violentas contorsiones. De perfumes va siempre prevenido; No quiere oler a hombre ni en descuido.
Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio, cabezas coronadas de una espina invisible, cabezas que sonrosa la rosa del ensueño, cabezas que se doblan a cojines de abismo, cabezas que quisieran descansar en el cielo, algunas que no alcanzan a oler a primavera, y muchas que trascienden a las flores de invierno.
Con cualidades tales, D. Gutierre tenía que oler a puchero de enfermo. En ese año de1648 recibió cartas que lo llamaban a España para recoger una valiosa herencia, y después de confesado y comulgado, emprendió el fatigoso viaje, dejando al frente de la casa de comercio a su hermano D.
A este tenor cierta gente de caperuza, y el diccionarista entre ellos calado de gorra, toman la libertad de la imprenta por el lado que mas los punza, y por donde olfatean que puede oler a chamusquina.
Apenas si distinguía a sus sobrinos más que por el paso, sobre todo a Caridad y a Manolita. El paso de aquella, de Caridad, llegábale como el de una criatura cargada de fruto y hasta le parecía oler a sazón de madurez.
Nada más pintoresco y peor oliente que el sitio a donde pretendemos llevar a los que nos leen; lugar donde al que, con nosotros, por él se aventure aconsejaremos recate el olfato si no quiere oler a aceite frito, que a esto, y no a nardos y a jazmines, huelen las enormes sartenes, donde alguna sacerdotisa de las dedicadas en otras horas a leerle el porvenir al más vivo en la palma de la mano, confecciona el sabroso tejeringo, o mal fríe el atún y los boquerones, que llegada la hora de hacer por la vida, buscan, pagan, o no pagan y devoran, los menos escrupulosos y adinerados de los de su ilustre abolengo.
De este modo consiguió Tula rodearse de hombres, cuidar ropa masculina, oler a tabaco, sentir el macho en su casa, suprema necesidad de su existencia.
En el remate, los han cuestionado hábilmente amables desconocidos, a quienes, por supuesto, no han querido dar sino datos vagos, en esa lengua peculiar de ellos, que simplifica las frases hasta hacerlas todas de tres o cuatro palabras; pero bastaron estas indicaciones, corroboradas por su misma presencia de interesados venidos de tan lejos, y de allá mismo, para comprar, y los especuladores, los capitalistas, los corredores en acecho siempre de lo que pueda oler a pichincha, hicieron subir los precios de tal modo que las bases a ellos fijadas por los compañeros, resultaron lastimosamente bajas.
Mas a mí no me la pega; ni tampoco me hace ciega, aunque dulces te regale; vas a ver con qué te sale. Y es que la Chocolatina tenía corazón de mina y sin oler a perjuicio compartía su beneficio.
-Pos de allí vengo yo, de ca der Requesones; pero como no estaba allí Joseíto y como a mí me gusta tanto tomar el sol y oler a nardos..., pos velay tisté.
Con tal hedor al recalar en puerto, recibiólos la isla de Afrodita, que no es ya que parezca oler a muerto: corroe el hierro, y media vida quita.