oleada

oleada

(De ola.)
1. s. f. Ola grande.
2. Movimiento y golpe de la ola recibió una fuerte oleada en la espalda.
3. Proceso en el que una cosa sucede en gran cantidad o con mucha intensidad el reo fue detenido en el marco de una oleada de redadas. ola
4. Afluencia impetuosa de personas o cosas a algún lugar oleada de gente. avalancha, ola

oleada

(De óleo, aceite.)
s. f. AGRICULTURA Cosecha abundante de aceite.

oleada

  (de ola)
f. Ola grande.
Embate y golpe de la ola.
fig.Movimiento impetuoso de mucha gente apiñada.

oleada

  (de óleo)
f. Cosecha abundante de aceite.

oleada

(ole'aða)
sustantivo femenino
1. golpe y embate de un ola El barco se hundió por las fuertes oleadas.
2. movimiento de gran cantidad de personas oleada de gente
3. aparición de gran cantidad de algo en un tiempo determinado oleada de quejas
Traducciones

oleada

surge, billow, wave

oleada

Strom

oleada

vague

oleada

golf

oleada

onda

oleada

fala

oleada

κύμα

oleada

вълна

oleada

oleada

oleada

vlna

oleada

גל

oleada

oleada

คลื่น

oleada

SF
1. (Náut) → big wave
2. (= gran cantidad) [de jóvenes, artistas] → wave; [de atentados, huelgas] → spate; [de inflación] → surge
una gran oleada de gentea great surge of people
la primera oleada del ataquethe first wave of the attack

oleada

f.
Ejemplos ?
¡Ah!, si vosotras quisiérais ver detrás de esa careta con que os miran los hombres que aspiran a ser vuestros dueños o que ya lo son ... ¡qué enorme oleada de indignación y de vergüenza agitaría vuestros bellos corazones!
Carlos Tapia y familia, Don Roberto Garcia y familia, Don Leonzo Valarezo y familia, Malmore Bustamante y familia, Don Carlos Montalvan y familia, Conseguido el destino, enseguida las noticias de esa tierra amplia abrieron las puertas a una oleada migratoria, que de pronto se instalaron en la orilla de la quebrada Las Lajas, las familias nativas vieron amanecer días cada vez mas renovados con casas que aparecían aquí y allá, con una calle en lugar de maleza, eso si las noches comenzaban pronto por falta de luz y exceso de cansancio.
Con este telón de fondo, en diciembre de 1997, la Asamblea General decidió que había llegado el momento de que la comunidad internacional se enfrentara a la nueva oleada de racismo y de discriminación racial.
Invadía el sol con su radiante oleada de luz la mitad de la calle de Huerto de Monjas, calle estrecha y de humildes edificios, decorados casi todos en rejas y balcones por tiestos y macetas, donde a la esplendorosa luz de la mañana fulgían como rubíes los geráneos, las dalias rojas como perfumados purpurinos panales, y como de amatista las campánulas que salpicaban los verdes faldellines de las flotantes enredaderas.
Nuestro globo es un grano de polvo que brilla en el vacío; recoge una parcela de energía, mientras la casi totalidad se esparce en una inmensa circular oleada, que se debilita a medida que se abre, hasta desvanecerse en las orillas del infinito.
La oleada de la emigración seguirá hasta el Sur sin que nada sea parte a detener su curso, si se deja que esta emigración se extienda pacíficamente; la América Central contendrá en poco tiempo una emigración americana que labrará el bien de los indígenas (nótese el despectivo usado para calificar al criollo) así como el de sus respectivos gobiernos.
Sueño sería, que profundo sueño Es la voraz pasión que me consume; Sueño ha sido, y no más el leve gozo Que acarició mi faz; sueño el sonido De aquella sonrisa, aquel halago, Aquel blando mirar... Desperté súbito Y el bello Edén despareció a mis ojos Como oleada que la mar envía Y se lleva después.
Ya no veo.. Reaparece... ¡Cómo lucha el experto piloto con la oleada! SEPPI.––¡Los guardias del gobernador se acercan! KUONI.––¡Dios mío!...
–exclamó con misteriosa voz el tío. Augusto sintió una oleada de fuego subirle del suelo hasta perderse, pasando por su cabeza, en lo alto, encima de él.
omo el Añito nuevo tenía tan buena traza y estaba tan monín con su traje de marinero y sus bucles rubios, la gente le piropeaba en la calle; algunas mujeres, más atrevidas, besaban sus mejillas frescas de adolescente, y, a su paso, un rumor de simpatía le halagaba, una oleada de adoración le envolvía.
e queda el castillo solitario, reflejándose en los lagos, En el abismo de su agua clara duerme su sombra secular; Se levanta en silencio desde el claro de abetos, Dando tanta oscuridad a la oleada rodadora.
Don Evaristo sintió detenerse, durante un momento, la circulación en sus arterias; lo invadió una oleada tal de felicidad aguda que fue casi un dolor; palideció, se ruborizó; estuvo a punto de cantar y de reírse, y de decírselo todo a la sirvienta que, de curiosa, lo estaba mirando, para saber; pero se contuvo, cobrando en el acto, con la fortuna, el suspicaz instinto de recelosa defensa que, casi siempre, trae ésta consigo.