océano


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océano

(Del lat. oceanus < gr. okeanos.)
1. s. m. Masa de agua salada que cubre la mayor parte de la superficie terrestre.
2. GEOGRAFÍA Cada una de las cinco grandes subdivisiones de esta masa de agua para ir de Europa a América hay que cruzar el océano Atlántico .
3. Gran cantidad de una cosa se encontró con un océano de dificultades. montón
4. NÁUTICA Pequeña embarcación a vela utilizada para el recreo.

océano

 
m. geog. Masa total de agua salada que cubre aproximadamente las tres cuartas partes de la Tierra. (V. mar.)
Cada una de las grandes divisiones del mar limitadas por masas continentales.
fig.Gran extensión de algunas cosas.

Océano (Okeanós)

 
mit. Dios griego de las aguas, hijo de Urano y de Gea.

océano

(o'θeano)
sustantivo masculino
1. extensión de agua salada que cubre la mayor parte de la tierra La luna genera las mareas en el océano.
2. geografía cada una de las partes en que se divide la extensión total de las aguas de la tierra Océano Atlántico
3. cantidad grande de una cosa océano de posibilidades
Sinónimos

océano:

mar
Traducciones

océano

ocean

océano

محيط, مُحِيطٌ

océano

океан

océano

oceà

océano

Ozean

océano

oceano

océano

valtameri

océano

océan

océano

oceano

océano

大洋, 海洋

océano

oceanus

océano

okeanas, vandenynas

océano

oceaan

océano

ocean

océano

oceano

océano

океан

océano

oceán

océano

ocean

océano

ocean

océano

대양

océano

hav

océano

hav

océano

มหาสมุทร

océano

okyanus

océano

đại dương

océano

海洋

océano

海洋

océano

SMocean
Océano AtlánticoAtlantic Ocean
Océano Glacial ÁrticoArctic Ocean
Océano ÍndicoIndian Ocean
Océano PacíficoPacific Ocean
Ejemplos ?
Estas cincuenta hijas nacieron del intachable Nereo, expertas en obras intachables. Taumante se llevó a Electra, hija del Océano de profundas corrientes.
Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillosa voz, con himnos a Zeus portador de la égida, a la augusta Hera argiva calzada con doradas sandalias, a la hija de Zeus portador de la égida, Atenea de ojos glaucos, a Febo Apolo y a la asaeteadora Ártemis, a Poseidón que abarca y sacude la tierra, a la venerable Temis, a Afrodita de ojos vivos, a Hebe de áurea corona, a la bella Dione a Eos al alto Helios y a la brillante Selene, a Leto, a Jápeto, a Cronos de retorcida mente, a Gea, al espacioso Océano, a la negra Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos Inmortales.
Pero existía un océano de por medio, la ambición y la corrupción de sus designados para llevar a cabo sus mandatos; desde Hernán Cortés (quien llegó a México, prófugo de la ley de Cuba), hasta el último Virrey La frase célebre de las leyes que llegaban de la península era “se acata, pero no se cumple”.
Y aún hay otras muchas pues son tres mil las Oceánides de finos tobillos que, muy repartidas, por igual guardan por todas partes la tierra y las profundidades de las lagunas, resplandecientes hijas de diosas. Y otros tantos los ríos que corren estrepitosamente, hijos del Océano, a los que alumbró la augusta Tetis.
¡Sería tan largo aquel viaje! Todo el océano de por medio, hasta llegar al otro continente. -Recibirás carta mía cada quince días -le dijo Federico-.
Luego, acostada con Urano, alumbró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la amable Tetis.
De los actos de los hombres pasará a las ciencias para contemplar su belleza, y entonces, con un concepto más amplio de lo bello, no estará ya encadenado como un esclavo en el estrecho amor de un mancebo o adolescente, de un hombre o de una sola acción, sino que, lanzado al océano de la belleza y alimentando sus ojos con el espectáculo, engendrará con inagotable fecundidad los discursos y pensamientos más bellos de la filosofía hasta que, habiendo fortificado y aumentado su espíritu con esta sublime contemplación, no vea más que una ciencia: la de lo bello.
La balsa era muy grande; el escarabajo la tomó por un océano, y quedó tan asombrado, que se cayó boca arriba y se puso a agitar las patas.
Los dos llorábamos, pero aquella tarde fuimos, cogidos de la mano, a la Torre Redonda, para ver el ancho mundo que se extiende más allá de Copenhague y del océano.
Si los cuerpos á quienes tocó la honrosa suerte de formar la reserva destinada á repeler la invasión de los enemigos de la independencia nacional, fueran capaces por un momento de obrar exclusivamente por el impulso de sus intereses particulares, días há que todo se hubiera desquiciado, y que, saltando las barreras del respeto y la subordinación, hubiera apelado á la fuerza apoyada en la justicia para reclamar la consideración que se debe á sus buenos servicios y á sus enormes padecimientos: las tropas que tuvieron la gloria de combatir con el enemigo ó de aproximarse más que nosotros á las mortíferas playas del Océano...
Sumidos en estas cavernas sin darnos cuenta de ello, creemos habitar en lo alto de la Tierra, casi casi como cualquiera que constituyera su morada en las profundidades del Océano se imaginara habitar encima del mar, y viendo a través del agua, el sol y los otros astros, tomara el mar por el cielo, y como por su peso o por su debilidad no habría subido nunca a la superficie y ni siquiera habría sacado la cabeza fuera del agua, no habría visto que estos lugares que habitamos son mucho más puros y bellos que los que él habita, ni encontrado a nadie que pudiera informarle de ello.
Y el hombre sin importancia se quedó ahogado, vencido, acobardado en aquel inmenso y profundo océano de hirientes y lacerantes risas, como los impotentes para rebelarse, porque disfrutan las apariencias de la felicidad.