obelisco

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obelisco

(Del gr. obeliskos.)
1. s. m. ARTE Pilar muy alto, de sección cuadrada y remate piramidal, que sirve de monumento conmemorativo en lugares públicos. óbelo
2. ARTES GRÁFICAS Señal que se ponía en el margen de los libros para alguna anotación. óbelo
3. Signo en forma de cruz que antecede al nombre de una persona muerta, en un texto.

obelisco

(oβe'lisko)
sustantivo masculino
monumento en forma de columna que va estrechándose hasta formar una punta Un obelisco muy famoso es el de la ciudad de Buenos Aires.
Sinónimos
Traducciones

obelisco

Obelisk

obelisco

obelisk

obelisco

obélisque

obelisco

obelisco

obelisco

obelisk

obelisco

obelisk

obelisco

Обелиск

obelisco

方尖碑

obelisco

方尖碑

obelisco

Obelisk

obelisco

Obelisk

obelisco

Obeliski

obelisco

Obelisk

obelisco

SM
1. (= monumento) → obelisk
2. (Tip) → dagger
Ejemplos ?
Te he ofrecido todos los países juntos para enriquecer tus ofrendas...e hice sacrificar para ti diez millares de cabezas de ganado y todo tipo de hierbas aromáticas...Construí para ti grandes pilonos, y erigí sus astas, yo mismo, aportando para ti obeliscos de Elefantina; yo mismo hice de cantero y conduje por ti naves en el Gran Verde, para aportarte productos de los países extranjeros...!
Tratábase de un monumento original, destinado a chafar a los restantes, en que se mezclaban los jaspes de color, las serpentinas, los vidrios polícromos, hasta la cerámica, para una creación modernista sorprendente, donde se agotaba el tema de los letreros en asirio, la amapola somnífera, los cipreses formando procesión de obeliscos, los girasoles, emblema de inmortalidad, y los lotos, emblema del sueño y del nirvana.
No puedo pensar en las profundidades del mar sin estremecerme ante las espantosas entidades que quizá en este instante se arrastran y se agitan en su lecho fangoso, adorando a sus antiguos ídolos de piedra y esculpiendo sus propias imágenes detestables en obeliscos submarinos de mojado granito.
Su destino era realizar creaciones magníficas, edificios monumentales, obeliscos titánicos recorridos internamente de trenes eléctricos.
Entre opulencias y necesidades 930 medianías vinculen competentes a vuestros descendientes, previniendo ambos daños las edades; ilustren obeliscos las ciudades, a los rayos de Júpiter expuesta, 935 aún más que a los de Febo, su corona, cuando a la choza pastoral perdona el cielo, fulminando la floresta.
Recorrieron los fugitivos parte de la inmensa feria, incansables, y mientras el anciano miraba uno a uno todos los puestos, con ojos de investigación utilitaria, buscando algo en que emplear la moneda del niño, la madre, menos práctica tal vez, soñadora, y afectada de inmensa ternura, buscaba algún objeto que sirviera para recreo de la criatura, una frivolidad, un juguete en fin, que juguetes han existido en todo tiempo, y en el antiguo Egipto enredaban los niños con pirámides de piezas constructivas, con esfinges y obeliscos monísimos, y caimanes, áspides de mentirijillas, serpientes, ánades y demonios coronados.
Palacios imperiales, Circos y templos, acueductos, fuentes, Trofeos colosales, Obeliscos triunfales, Termas, jardines, pórticos y puentes; Perfumes, y oro, y ruido, Y sabios, y vestales, y guerreros, Soñé desvanecido; Y todo confundido, Como los días de mi edad primeros.
Naufragio ya segundo, O filos pongan de homicida hierro Fin duro a mi destierro; Tan generosa fe, no fácil onda, No poca tierra esconda: Urna suya el océano profundo, Y obeliscos los montes sean del mundo.
Acordábase de otros descensos semejantes sobre legendarias ciudades asiáticas, con obeliscos, hileras de esfinges y avenidas de palmeras, y sentía el mismo furor de justicia, el ansia de barrer y extirpar a la empedernida raza que ni aprende, ni se enmienda, ni se humilla, ni llora...
Los terrapleneros hacían montañas de tierra, donde sepultaban los cadáveres: los mexicanos ponían sus templos en la cumbre de unas pirámides muy altas: los peruanos tenían su «chulpa» de piedra que era una torre ancha por arriba, como un puño de bastón: en la isla de Cerdeña hay unos torreones que llaman «nuragh», que nadie sabe de qué pueblo eran; y los egipcios levantaron con piedras enormes sus pirámides, y con el pórfido más duro hicieron sus obeliscos famosos, donde escribían su historia con los signos que llaman «jeroglíficos».
iramidal, funesta, de la tierra nacida sombra, al Cielo encaminaba de vanos obeliscos punta altiva, escalar pretendiendo las Estrellas; si bien sus luces bellas --exentas siempre, siempre rutilantes-- la tenebrosa guerra que con negros vapores le intimaba la pavorosa sombra fugitiva burlaban tan distantes, que su atezado ceño al superior convexo aun no llegaba del orbe de la Diosa que tres veces hermosa con tres hermosos rostros ser ostenta, quedando sólo o dueño del aire que empañaba con el aliento denso que exhalaba; y en la quietud contenta de imperio silencioso, sumisas sólo voces consentía de las nocturnas aves, tan obscuras, tan graves, que aun el silencio no se interrumpía.
Luego, sobre telones de oscuridad, ángulos de rascacielos y obeliscos, él cruzaba bajo cables de trenes aéreos, un estrépito espantoso se amontonaba en sus oídos, y necesitaba hacer un esfuerzo para no saltar de la cama y gritar en la desolación del cuarto, frente a su esposa que estaba adormecida en otra cama: —Soy un dios que cruza anónimo por la tierra.