Ejemplos ?
¡Que suenen las campanas! Un alma santa flota sobre el río Estigia, y tú, Guy de Vere, ¿no tienes lágrimas?. ¡Llora ahora, o nunca más! ¡Mira!
En materia de cultura pensamos que Lavalleja no pasó nunca más allá del nivel medio del hombre de su época nacido y criado en la Campaña.
Ora es el cuadro una rauda espiral; ora una elipse o una ese. Buscar verosimilitud en el Greco es — nunca más oportuna la frase — buscar cotufas en golfo.
Esto dijo papá. —Muy bien—le respondí volviéndome, más pálida, creo, que el mantel mismo—: nunca más les volveré a hablar de él. Y entré en mi cuarto despacio y profundamente asombrada de sentirme caminar y de ver lo que veía, porque en ese instante había decidido morir.
—Hasta mañana, amor —murmuré yo, palideciendo todavía más al decir esto. Porque en ese instante acababa de comprender que no podría pronunciar esta palabra nunca más.
-Poique me los podía mercar, y ya lo oiste tú decir que él no platicaba nunca más que con las personas que le eran mu simpáticas y cuando tenía argún trato con ella, y la verdá, antes que serle simpático yo a ese mozo, quiero mejor perder los ineros, y me parece a mí que he mercao tirá, pero que tirá, toíta su simpatía.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar; por la mañana él también, cual mis anhelos, volará". Dijo entonces :"Nunca más".
Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta; "Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar del repertorio olvidado de algún amo desgraciado que en su caída redujo sus canciones a un refrán: "Nunca, nunca más".
Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía planté una silla mullida frente al ave y el portal; y hundido en el terciopelo me afané con recelo en descubrir qué quería la funesta ave ancestral al repetir: "Nunca más".
Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar; eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar. ¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar, y ya no usará nunca más!.
Cerré, pues, nuevamente en silencio la puerta acristalada y volví a mi casa, con la firme decisión –desdeñando el ejemplo y lo que me pudiera suceder–, de no hacer negocios nunca más.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal; ¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?" Dijo el cuervo: "Nunca más".