Ejemplos ?
A Pales su viciosa cumbre debe Lo que a Ceres, y aún más, su vega llana; Pues si en la una granos de oro llueve, Copos nieva en la otra mil de lana.
NAJERA C, Martha Ilia. El Don de la Sangre en el Equilibrio Cósmico, UNAM, México, 1987. NIEVA López. María del Carmen, MEXICAYOTL, Filosofía Náhuatl, Editora Orion, México, 1969.
¿Pues sin gabán, abrigo ni sombrero, Febo oriental le mirará primero que él deje de obligar con tristes quejas las de su gata rígidas orejas, por más que el cielo llueva mariposas de plata cuando nieva?
García, que tan bizarramente había vengado en Chile a Pedro de Valdivia, sacrificado por los araucanos, y nombró virrey del Perú al conde de Nieva don Diego López de Zúñiga y Velazco.
Esta sal es de mejor calidad y más transparente, según la serenidad del día en que brota de la fuente, pues si llueve, nieva o truena, o el cielo está nublado, también se hace turbia.
Los cuatro virreyes que lo antecedieron habían encontrado un fin más o menos triste en América; Blasco Núñez de Vela y el conde de Nieva perecieron de un modo trágico; el marqués de Cañete murió loco, y D.
El conde de Nieva no dejó continuar su arenga al emisario; pues, montando en ira, le interrumpió: -Entienda, señor capitán, que aquí no hay más excelencia que yo, y que el sandio del marqués tiene que adueñarse desde hoy, si le place, del tratamiento de señoría.
En el acto cayó enfermo, para morir pocos días antes de que entrase en Lima su sucesor, y en el delirio de la fiebre exclamaba sin cesar: -¡Nieva!
Hasta el tesoro público era pagano de los vicios de los poderosos. Así, por ejemplo, fue el Perú quien galardonaba a las queridas del cuarto virrey, conde de Nieva, sus amorosas complacencias.
Fue el conde de Nieva quien con el título de villa de Arnedo fundó el pueblo de Chancay, a doce leguas de Lima, con el propósito de establecer allí una Universidad que compitiera acaso con la de Salamanca, y comisionó a D.
Las damas ostentan aigrettes elegantes, De plumas que fingen rizos de flambeau (Los regios joyeles y polvos brillantes Que ostentan las reinas de un bello Wateau). Hechiza en las faldas la seda argentada, Y nieva la red de las finas puntillas.
Lo que sí sé de buena tinta es que por los años de 1561, el conde de Nieva, cuarto virrey del Perú y fundador de Chancay, dictó ciertas ordenanzas relativas a la capa de los varones y al manto de las muchachas, y que por su pecaminosa afición a las sayas, un marido intransigente le cortó un sayo tan ajustado que lo envió a la sepultura.