nefando

(redireccionado de nefanda)
También se encuentra en: Sinónimos.

nefando, a

(Del lat. nefandus .)
adj. Que no puede ser referido por considerarse cruel o inmoral cometió los más nefandos crímenes. abominable, execrable

nefando, -da

 
adj. Indigno, torpe, de que no se puede hablar sin repugnancia u horror.

nefando, -da

(ne'fando, -ða)
abreviación
persona, acción que es aborrecible por ir en contra de la ética y la moral Un acto nefando es maltratar a los padres.
Traducciones

nefando

nefando

nefando

nefando

nefando

ADJ (liter) → unspeakable, abominable
Ejemplos ?
Este hecho se convirtió en común en la literatura, hablando de ello Cayo Salustio, Floro y Valerio Máximo (quien dice que «como no les quedaba ningún otro animal en su ciudad, convirtieron en nefanda comida a sus mujeres s hijos; e incluso para que la juventud en armas pudiera alimentar sus entrañas con las de los suyos, no dudaron en poner en sal los siniestros restos de los cadáveres»), Juvenal y Orosio.
Después de imponer infamantes acusaciones que sobre mi nefanda conducta personal y política se habían podido reunir en tres meses y pico de rebuscar (...) por 183 votos contra 68 se decidió rechazar mi admisión en Izquierda republicana.
Si lejos de ofenderle, maltratarle, humillarle ese perverso anónimo, guardara la compostura que debía en el ánimo y las palabras, el olvido y nada más fuera su pena: las generaciones han condenado a la inmortalidad al fraile o el clérigo sin nombre, la inmortalidad negra y desastrada de Anito y Melito, Mevio y Bavio; la inmortalidad de la envidia y la difamación, cosa nefanda que pesa eternamente sobre los perseguidores de los varones ínclitos, en quienes las virtudes van a un paso con la inteligencia.
El primer descanso había llegado, en el cual, de sus ansias diurnas cansados, los pechos el sueño tiene: en los tálamos paternos taciturna entra y –ay, mala acción–, su hija al padre suyo 85 del cabello de sus hados despoja, y de esa presa nefanda apoderada, lleva consigo el despojo de su abominación y saliendo de su puerta, por mitad de los enemigos –en su mérito confianza tan grande tiene– llega hasta el rey, al que así se dirigió, asustado: “Me persuadió el amor de la acción: prole yo, regia, de Niso, 90 Escila, a ti te entrego los de mi patria y mis penates.
Llega a los establos inaccesibles al fin y aúlla y el euhoé hace sonar, y las puertas destroza y a su germana rapta, y a la raptada de las enseñas de Baco inviste, y su rostro con frondas de hiedra le esconde, y arrastrándola atónita hasta dentro de sus murallas la conduce. 600 Cuando sintió que había tocado la casa nefanda Filomela se horrorizó la infeliz y en todo palideció el rostro.
Cuál fue del vate el ministerio, dilo dilo tú, culta y elegante Atenas, que temblabas de Sófocles y Esquilo en las terribles trágicas escenas: aún hoy las almas, do durmió tranquilo el crimen, de terror despiertan llenas, la pena al ver con que la suma diestra hiere a Edipo, y nefanda Clitemnestra.
Como allí llegaron, vino un viejo con mucha ansia y pena, llorando y mesándose sus canas honradas, y con ambas manos se agarró a la tumba, dando grandes voces entre sollozos y lloros, diciendo: -Por la fe que mantenéis, ¡oh ciudadanos!, y por la piedad de la república, que socorráis al triste muerto; vengad con mucha atención y severidad tan gran traición y maldad contra esta nefanda y mala mujer: porque ésta, y no otro alguno, mató con hierbas a este mezquino mancebo, hijo de mi hermana, por complacer a su adúltero y por robarle su hacienda.
Yo, espantado y como pasmado, estaba quedo y callando, revolviendo en mi corazón tan repentino y tan gran gozo, que no cabía en mí, pensando qué era lo primero que principalmente había de comenzar a hablar, de dónde había de tomar exordio y comienzo de la nueva voz; con qué palabras podría ahora la lengua, otra vez nacida, comenzar con mejor dicha; con cuáles y cuántas palabras yo podría hacer gracia a tan gran diosa; pero el sacerdote, que por la divina revelación estaba informado de todos mis trabajos y penas desde el principio, como quiera que él también estaba espantado, hizo señal y mandó que primeramente me diesen una vestidura de lino con que me cubriese, porque yo, luego que vi que el asno me había despojado de aquella cobertura bruta y nefanda...
Que ninguno de los que caigan en nuestras manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ¡ni ése escape!
Otrosí, se ha estatuado entre ellos que el que deliberadamente mata a otro sin desafío previo, pierda, si está preso, su vida como requiere su nefanda culpa, a menos que no sea capaz de ostentar su inocencia de dicha fechoría; y si por casualidad escapara, que nunca jamás pueda regresar.
Cuando el padre Incienso está a vueltas con aquello del «helado indiferentismo» y lo otro del «determinismo positivista, nefanda resurrección del fatalismo pagano», me entran a mí arrechuchos de gritarle: «¡Padre Incienso, por ahí, no!...
Discurso Grave delito es dar muerte a cualquier hombre; mas darla al rey es maldad, execrable, y traición nefanda no sólo poner en él manos, sino hablar de su persona con poca reverencia, o pensar de sus acciones con poco respeto.