narrador

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narrador, a

adj./ s. Que narra en este libro, el narrador es también el protagonista.

narrador, -ra

(nara'ðoɾ, -ɾa)
abreviación
que narra o cuenta historias personaje narrador

narrador, -ra


sustantivo masculino-femenino
persona o personaje que cuenta una historia Mi hermano es un gran narrador.
Traducciones

narrador

narrator, teller

narrador

pokladník

narrador

kasserer

narrador

Erzähler

narrador

ταμίας

narrador

kertoja

narrador

bankovni blagajnik

narrador

話し手

narrador

이야기하는 사람

narrador

kasbediende

narrador

forteller

narrador

narrator

narrador

caixa, narrador

narrador

kassör

narrador

พนักงานรับฝาก-ถอนเงินในธนาคาร

narrador

anlatıcı

narrador

người kể chuyện

narrador

出纳员

narrador

SM/Fnarrator
Ejemplos ?
Las tres narradoras, magníficamente vestidas a la manera de señoritas distinguidas de París, se sentaron en la parte baja del trono, en un canapé colocado allí con ese propósito, y madame Duelos, narradora del mes, ataviada con una bata ligera y muy elegante, muy pintada y llena de diamantes, subió al estrado y empezó así el relato de los acontecimientos de su vida, en el cual debía introducir detalladamente las ciento cincuenta primeras pasiones designadas con el nombre de pasiones simples: No es poca cosa, señores, presentarse ante un círculo como el vuestro.
Tenían cerca de ellos a las narradoras que los manoseaban con más o menos rapidez, de acuerdo con el mayor o menor placer que experimentaban, pero agotados por las voluptuosidades del día, nadie eyaculó, y cada cual se fue a la cama a restaurar las fuerzas, necesarias para entregarse al día siguiente a nuevas infamias.
Como estas teorías calentaron las cabezas de los amigos, se bebió mucho y fueron a celebrar las orgías, para las cuales nuestros indefectibles libertinos imaginaron mandar a acostarse a los muchachitos y pasar una parte de la noche bebiendo, sólo con las cuatro viejas y las cuatro narradoras, y entregarse, a cual mejor, a toda clase de infamias y atrocidades.
Los amigos se reúnen por la mañana y deciden que las cuatro viejas les resultas inútiles y pueden ser fácilmente sustituidas en sus funciones por las cuatro narradoras, por lo tanto, deben divertirse con ellas y martirizarlas una tras otra, empezando aquella misma noche.
Al principio se había deseado rodearse de un gran número de objetos lujuriosos de los dos sexos, pero cuando se hubo comprobado que el local donde esta lúbrica fiesta podría efectuarse cómodamente era aquel mismo castillo en Suiza que pertenecía a Durcet y al que había mandado a la pequeña Elvira, que este castillo no muy grande no podría albergar a tantos habitantes y que además podía resultar indiscreto y peligroso llevar allá tanta gente, se limitaron a treinta y dos las personas, incluidas las narradoras, a saber: cuatro de esta clase, ocho muchachas, ocho— muchachos, ocho hombres dotados de miembros descomunales para las voluptuosidades de la sodomía pasiva y cuatro sirvientes.
A las seis en punto, la narradora empezará su relato, que los amigos podrán interrumpir cuando bien les parezca; este relato durará hasta las diez de la noche, y durante todo este tiempo, como su objeto es inflamar la imaginación, serán permitidas todas las lubricidades, excepto sin embargo aquellas que infrinjan el orden y los arreglos dispuestos para las desfloraciones, que no podrán ser variados; pero por lo demás podrá hacerse lo que se quiera con el jodedor, la esposa, el grupo de cuatro y la vieja, y hasta con las narradoras si se sienten inclinados a tal capricho, y esto podrá tener lugar en el nicho o en el gabinete contiguo.
Desde ese comedor de tapices, estufas, otomanas, cómodos sillones y todo lo que podía hacerlo tan cómodo como agradable, se pasaba a un salón sencillo y sin rebuscamiento, pero muy caliente y lleno de lujosos muebles; este salón comunicaba con un gabinete para reuniones destinado a los relatos de las narradoras.
En cada narración Alina y Adelaida son amarradas a los pilares del salón de historia de que se ha hablado, colocadas con las nalgas frente a los sofás y junto a ellas una mesita con varas siempre dispuestas para azotarlas. Constanza tiene permiso para sentarse en la fila de las narradoras.
Aquellas horas deliciosas sólo fueron empleadas con los cuatro jodedores escogidos, las cuatro sirvientas y las cuatro narradoras.
Las tres narradoras que no estén de turno mensual se sentarán en una banqueta al pie del trono, sin estar dedicadas a nada especial pero a las órdenes de todo el mundo.
Realizadas aquellas cochinadas que sólo costaron una descarga, la del obispo, fueron a sentarse a la mesa. Ya puestos a hacer porquerías, sólo quisieron en las orgías a las cuatro viejas y las cuatro narradoras, y despidieron al resto.
Se dan cuenta de que había un pequeño principio de motín general entre los jodedores, a los que aquel acontecimiento del sacrificio de uno de ellos calma por completo. Las otras tres viejas, así como la Fanchón, son destituidas de todo empleo y reemplazadas por las narradoras y Julia.