nardo

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nardo

(Del lat. nardus < gr. nardos.)
1. s. m. BOTÁNICA Planta herbácea de hojas radicales y flores blancas muy olorosas, que se cultiva en jardines y se usa en perfumería.
2. BOTÁNICA Planta herbácea vivaz valerianácea, con flores blancas o rosadas agrupadas en cimas.
3. BOTÁNICA Flor de estas plantas, muy apreciadas en jardinería y como adorno.
4. Preparado aromático que se elaboraba en la antigüedad con el extracto de las raíces de diversas plantas valerianáceas.
NOTA: Nombre científico: (Valeriana y Nardostachys.)
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

nardo

 
m. bot. Planta de la familia amarilidáceas (Polianthes tuberosa), de hojas radicales y flores blancas, muy olorosas, en espiga.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Sinónimos

nardo

sustantivo masculino
tuberosa, vara de Jesé.
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

nardo

nard

nardo

SMnard, spikenard
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Mi lámpara encendí, pero aún no miro fulgir el aúreo velo que te viste en medio de las sombras nocturnales. Mas ya en las brisas del jardín aspiro el perfume de nardos con que ungiste tu cuerpo para nuestros esponsales.
no pretendas reposar vestálica, cansada en tu hipogeo de nardos, sino vorágine, exprime los cansancios de mi piel desnuda, succiona los despojos de mi carne ardida, y haz tu cuerpo de mi cuerpo solio para reinarnos en abrazo eterno.
Me descubro contemplando la piel do se acuñó la mía, tan tersa y nítida, como si una aroma de soñados aires la vistiera en nardos que la protegieran.
Debe existir un silencio, tan silencioso destino, que enarbolándose nardos y acompañado de cirios me llore tan solitario y como yo...
La luna lloraba su dulce blancor. La casa y la clara ventana florida, de blancos jazmines y nardos prendida, más blancos que el blanco soñar de la luna...
¡Rosas de Alejandría, yo las deshojaba sobre sus labios! ¡Nardos de Judea, yo los deshojaba sobre sus senos! Y la Niña Chole se estremecía en delicioso éxtasis, y sus manos adquirían la divina torpeza de las manos de una virgen.
Si ello lo besa, voy a besarlo, porque sus besos son mi incensario. Si ella lo abraza, he de abrazarlo, aunque su abrazo me huela a nardos.
Ahí viene sobre dos pies alados Envuelta de música de nardos y de bosques La gracia y la belleza Entre los ruidos de las calles Sobre sus pies alados Aparece de pronto entre los hombres y las casas Y todo cae en el vacío Los ruidos, las casas y las calles Como las ropas de una mujer que se desnuda Sólo tú quedas en el mundo Sólo tu cuerpo como una flor inmensa Que llena de universo.
El día en que no platico con ella, en que no me miro en las niñas de sus ojos, en aquellos dos charranes que Dios le ha puesto en la cara; en que no güelo el olor a nardos y a claveles que le nace en aquella boca suya, que es un cintillo de rubíes; en que no siento el metal de su voz, que es el repiquetear de una campanillita de plata; el día, en fin, que no la veo, ese día me parece a mí que la vía me está poniendo el desahucio y me dan la mar de ganitas de morder y de pelear y de subir a la catedral y desde allí pegar un brinco, u dos brincos, y de meterme en la luna.
No es tristeza lo que siento, es honda consolación por lo que hubiera querido y no pude tener yo. NARDOS Sobre un arcón de silencio pondré las horas calladas y en un rincón de algún libro la llama que se dilata.
Y una palabra: JUSTICIA escriban sobre la tumba Y un domingo, con sol afuera, vengan la Madre y las Hermanas y sonrían a la hermosa tumba con nardos, violetas y helechos de agua y hombres y mujeres del pueblo cercano que digan mi nombre como de su casa y alcen a los cielos cantos de victoria, Madre, si me matan.
Adiós, adiós, te queda, ya tu mar no veré cuando amorosa, mansa te ciñe y leda, como delgada seda breve cintura de mujer hermosa; Ni tu cielo esplendente, de purísimo azul y oro vestido, do sospecha la mente si en mar de luz candente la gran masa del sol se ha derretido; Ni tus campos herbosos, do en profundo ambiente me embriagaba y, en juegos amorosos, de nardos olorosos la frente de mi madre coronaba; Ni la altiva palmera, cuando en tus apartados horizontes con majestad severa sacude su cimera, gigante de las selvas y los montes; Ni tus montes erguidos, que en impío reto hasta los cielos subes, en vano combatidos del rayo circuidos de canas nieves y sulfúreas nubes.