numen

(redireccionado de númenes)
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numen

(Del lat. numen, voluntad y poder divinos.)
1. s. m. MITOLOGÍA Cualquier dios de la mitología clásica.
2. ARTE, LITERATURA Inspiración del artista o del escritor Gala fue el numen de Dalí. musa

numen

 
m. Deidad pagana.
Inspiración (estímulo).
Sinónimos

numen

sustantivo masculino
Traducciones

numen

numen

numen

numen

numen

nume

numen

Numen

numen

Numen

numen

Numen

numen

Numen

numen

SM
1. (Literat) (= inspiración) → inspiration
numen poéticopoetic inspiration
2. (= deidad) → numen
Ejemplos ?
Cantaré los trabajos de Alcides y los hijos de Leda, el uno sin rival en las carreras de caballos, el otro en las luchas del pugilato, cuya propicia estrella, en el momento que resplandece a los ojos de los marineros, calma el mar agitado que bate las rocas, amansa el fragor de los vientos, disipa los nublados, y sumisas a la voluntad de estos Númenes, las olas se duermen sobre la líquida llanura.
¿No ves tu costado desprovisto de remos, rotas tus antenas y tu mástil quebrantado por la violencia del Ábrego, y que sin cables ningún bajel es capaz de resistir el imperioso oleaje? Tus velas están destrozadas, y los Númenes desoyen las súplicas que en tu angustia les diriges.
Mientras, allá, la humanidad prosigue corriendo en su demencia furibunda, y ora sube, ora baja, ora se inunda en las amargas ondas de la mar; ora blasfema de su Dios impía, ora menguados númenes inciensa, ora lo arrasa todo, ora comienza de nuevo, arrepentida, a edificar.
Y con el fin de averiguar este punto más completamente, escribí en el libro pasado a este propósito, manifestando cómo en este importante asunto no han tenido ni tienen potestad alguna los dioses a quienes ellos adoraron con varios ritos, y para el mismo intento sirve lo que hasta aquí hemos tratado en este libro sobre la cuestión del hado; y no sé que nadie que estuviese ya persuadido de que el Imperio romano ni se aumentó, ni se conservó por el culto y religión que tributaba a los falsos númenes, a qué hado pueda atribuir su silencio, sino a la poderosa voluntad del sumo y verdadero Dios.
A la cual el dios: “Elige”, le dice, “ningún rechazo sufrirás, y para que más lo creas, del estigio torrente también cómplices 290 han de ser los númenes: el temor y el dios él de los dioses es.” Alegre con su mal y demasiado pudiendo y próxima a morir de su amante por la complacencia, Sémele: “Cual la Saturnia”, dijo, “te suele abrazar, de Venus cuando al pacto entráis, date a mí tal.” Quiso el dios la boca de quien hablaba 295 tapar: había salido ya su voz apresurada bajo las auras.
Aquí cuando Deucalión (pues lo demás lo había cubierto la superficie) con la consorte de su lecho, en una pequeña balsa llevado, se aferró, a las corícides ninfas y a los númenes del monte adoran 320 y a la fatídica Temis, que entonces esos oráculos tenía: no que él mejor ninguno ni más amante de lo justo hombre hubo, o que ella más temerosa alguna de los dioses.
Cuando de la vida mía, Ahora ya tan borrascosa, Pero entonces tan serena, Comenzó a rayar la aurora, Mil grandiosas esperanzas Eran mi existencia toda Que el ánimo me exaltaban Entre ilusiones hermosas, La libertad y la patria Con la luz que las corona, La beldad con sus encantos, Con sus laureles la gloria, Númenes fueron celestes Que mi alma nueva y fogosa, Postrada ante sus altares, Adoraba a todas horas.
Si tú sobre el Parnaso te empinases, Y desde allí cantases: Risco tramonto de época altanera, «Góngora que te siga», te dijera; Pero si vas marchando por el llano, Cantándonos en verso castellano Cosas claras, sencillas, naturales, Y todas ellas tales, Que aun aquel que no entiende poesía Dice: Eso yo también me lo diría; ¿Por qué no he de imitarte, y aun acaso Antes que tú trepar por el Parnaso? No imploras las sirenas ni las musas, Ni de númenes usas, Ni aun siquiera confias en Apolo.
En la empírea mansión fue recibida Con júbilo común, y al despojarla De su real vestidura, el firmamento Perfumó con el ámbar. En la sagrada copa la ambrosia Su mérito perdió, y con la fragancia Del dulce zumo del sorbete indiano, Los Númenes se inflaman.
Las deidades de Olimpo, los sagrados númenes del Parnaso, dejaron sus cantares regalados; alígero el Pegaso abandonó su fuente, y las estrellas y el astro luminoso del día presuroso dejaron despertar sus luces bellas.
Estaban allí, celosos exigentes, los dos númenes: el Deber y la Responsabilidad, prohibiendo toda expansión inútil; reclamando cada hora, cada minuto, cada segundo.
-¿Qué decís, ínclito nuncio del Tonante? -replicó el del cisco-. ¿Tanta cólera podrá caber en los celestes númenes? No, facundo nieto de Atlante, no lo hallo posible.