nácar


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nácar

(Del ár. vulgar náqar, caracola o cuerno de caza.)
s. m. QUÍMICA, ZOOLOGÍA Sustancia dura, blanca, con reflejos irisados compuesta de carbonato cálcico, que reviste el interior de las conchas de algunos moluscos.

nácar

 
m. zool. Sustancia dura, blanca, irisada, que se forma en el interior de ciertas conchas de los moluscos.

nácar

('nakaɾ)
sustantivo masculino
sustancia blanca irisada que se forma en las conchas de algunos moluscos unos aros de nácar
Sinónimos
Traducciones

nácar

nacre

nácar

Perlmutt

nácar

الصدف

nácar

седеф

nácar

Pärlemor

nácar

SMmother-of-pearl, nacre (frm)
Ejemplos ?
No se parecía a las atolondradas avecinas del cielo, gorriones y golondrinas, a las cuales despreciaba («¡esos pajarillos piadores, menudos y ordinarios!»). Las palomas eran grandes, lustrosas y relucientes como el nácar; tenían algo de veleta, más eran gordas y tontas.
Asido a mi prisión y sangrándome las manos por haber querido romper las insólitas rejas, me transportaron por un bosque de algas refulgentes de verdes azules de todo tipo, después me trasladaron por un vasto y rojo páramo submarino hasta que en la distancia apareció un impresionante palacio de nácar.
Otra, más discreta y grave, más aguda y más curiosa dice, vertiendo alegría por los ojos y la boca: "Esta perla que nos diste, nácar de Austria, única y sola, ¡qué de máquinas que rompe!, ¡qué disignios que corta!, ¡qué de esperanzas que infunde!, ¡qué de deseos mal logra!, ¡qué de temores aumenta!, ¡qué de preñados aborta!" En esto, se llegó al templo del Fénix santo que en Roma fue abrasado, y quedó vivo en la fama y en la gloria.
¿El que del dulce xilguero70 oyó la sonora voz, dejará de celebrar lo tierno del ruiseñor? En el nácar, si dos perlas tienen igual perfección, ¿le quitará la primera a la segunda el valor?
Alrededor de una dama, que se hacía aire con un abanico de nácar incrustado de oro, muy ancho de varillas, muy corto de paisaje, y que ostentaba unos fastuosos pendientes de gordas perlas de perilla, parecían coincidir las atenciones y los respetos de todos.
- Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos lirios y venid en vuestros carros de nácar, a los que vuelan unidas las mariposas.
En balde el humo de los pebeteros embalsama la opulenta cámara; en balde la seda de brillantes colores se ha extendido sobre diez pieles de tigre para que descansen sus miembros; en balde han invocado los bracmines por siete veces al espíritu del reposo y al genio de los sueños de nácar; el Remordimiento, sentado a la cabecera del lecho, los ahuyenta con un grito lúgubre y prolongado, grito que resuena incesante en el oído de Pulo, que golpea su frente con dolor al escucharlo.
Cualquiera especie producir de aquéllas verás (lo que en la tierra no acontece) pequeñas en extreno y grandes dellas, donde el secreto, artificioso pece pegado está, y en otros despegarse suele y al mar salir, si le parece, (por cierto, cosa dina de admirarse tan menudo animal sin niervo y hueso encima tan gran máquina arrastrarse, crïar el agua un cuerpo tan espeso como la concha, casi fuerte muro reparador de todo caso avieso, todo de fuera peñascoso y duro, liso de dentro, que al salir injuria no haga a su señor tratable y puro), el nácar, el almeja y la purpuria venera, con matices luminosos que acá y allá del mar siguen la furia.
En el seno de nácar de la tridacne, dentro del agua blanca, movida, monstruos de esmalte turquí y bermejo nadaban lentamente, y en el cáliz de las flores del cerezo, gotas de humedad refulgían al sol.
Auténticos muebles ingleses, de esos inconfundibles, con muelles de elasticidad misteriosa -¡oh, sólo Maple!- y forrados de un cuero bronceado, flexible y terso a la vez; paredes revestidas con viejos tapices persas, en que se funden armoniosos matices verdes y amarillos; vitrinas morunas de concha y nácar, donde se luce soberbia colección de boquillas, pipas, narguiles, bolsas de tabaco, petacas, pitilleras, fosforeras y tabaqueras.
¡El consentimiento de unos parientes!, cuando el tío Pámpana, su vecino, habíale dicho que un hombre a los veintiséis años sólo necesitaba el permiso del sereno para casarse; luego fueron los gastos; mientras la cosa no se formalizara, él podía tenerla en aquel cuartucho, pero en cuanto se casara ya era distinto, tendría necesidad de presentarla como quien era y no como la tenía, casi al aire sus carnes de nácar...
Suponte tú lo que es la verdá, que tú eres er mozo más pinturero, más bien dotao de perfil, más jechaíllo pa alante que hoy en Málaga luce las jechuras, y que tú le tiras el chambel a esa brotolita de nácar y que esa brotolita de nácar muerde el anzuelo y empieza a tomarte afición y te la toma a to trapo.