murciélago


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murciélago

(Del ant. murciégalo < murciego, rata ciega.)
1. s. m. ZOOLOGÍA Mamífero quiróptero, insectívoro volador que habita en grutas y se orienta por ecolocación y del que se distinguen alrededor de doscientas especies.
2. murciélago marino ZOOLOGÍA Pez efípido de unos veinticinco centímetros de longitud, de cuerpo aplastado y aleta dorsal mucho más alta que el resto del cuerpo.
NOTA: Nombre científico: (Platax ginnatus.)
NOTA: También se escribe: murciégalo

murciélago

 
m. zool. Nombre común de numerosas especies de mamíferos del orden quirópteros, con la capacidad de volar gracias a un esqueleto frágil y la existencia de una membrana insertada en los dedos del tronco y entre ambas extremidades.

murciélago

(muɾ'θjelaγo)
sustantivo masculino
mamífero volador, con alas membranosas y hábitos nocturnos El murciélago caza de noche.
Sinónimos
Traducciones

murciélago

bat

murciélago

vlermuis

murciélago

خفاش, وطواط, خُفَّاش

murciélago

прилеп

murciélago

Fledermaus

murciélago

vesperto

murciélago

lepakko

murciélago

chauve-souris

murciélago

vespertilio

murciélago

vleermuis

murciélago

morcego

murciélago

netopir

murciélago

flädermus, läderlapp, fladdermus

murciélago

pipistrello, nottola

murciélago

netopýr

murciélago

flagermus

murciélago

šišmiš

murciélago

コウモリ

murciélago

박쥐

murciélago

flaggermus

murciélago

nietoperz

murciélago

ค้างคาว

murciélago

yarasa

murciélago

con dơi

murciélago

蝙蝠

murciélago

蝙蝠

murciélago

SMbat

murciélago

m (zool) bat
Ejemplos ?
-¿Qué nombre tienen esas tierras? preguntó el murciélago asomando la cabeza por entre las rendijas de un derruido paredón. -Las Américas, y Cristóbal Colón aquel hombre, quien al saltar de la lancha se arrodilló para dar gracias a Dios y recordó que eran exactas las palabras del Ángel y de su padre: «Con fe y perseverancia, todo se alcanza.» -Algo más sé yo, añadió el murciélago.
Serpiente de la Fertilidad de la Mansión de los Murciélagos, nombre del dios de los Cackchequel: su imagen: solamente un murciélago.
Los ojos. 177 La sartén. 178. El carrillo. 179. El Ave-María. 180. Murciélago. 181. Escarabajo. 182. Cebolla gallega. 183. La sartén.
Posose el murciélago encima del escudo de la silla en que Colón se sentaba para estar más cerca de él, y parece que le oyó decir lo siguiente: -Humilde era mi origen, como humilde era el grano de arena que se metió en la ostra; pero sufriendo y perseverando, la arena se transformó en perla; como perseverando y sufriendo y puesta la confianza en Dios y en la Virgen, yo, hijo de un pobre cardador de lana, me siento y me cubro ante los reyes a quienes he dado un nuevo mundo.
El canto incesante de las ranas, el aroma de la campiña, el susurro elocuente y misterioso de la naturaleza, los relámpagos fantásticos e incesantes que en el horizonte presagiaban, según el ama de llaves, fuertes calores para el siguiente día; de tiempo en tiempo el canto monótono del labrador que iba a dar agua a una pareja, cuyas sonoras campanillas le hacían el acompañamiento; el vuelo rápido del murciélago que cruzaba indeciso a cada instante por delante del balcón...
¡Dina, guapa, me gustaría tenerte conmigo aquí abajo! En el aire no hay ratones, claro, pero podrías cazar algún murciélago, y se parecen mucho a los ratones, sabes.
¡ Cómo olvidar á Adolfo García, el poeta de calderoniana en- tonación, sobre quien tan cruelmente pesaron las desventu- ras, ni al chispeante crítico español don Juan Martínez Viller- gas, ni al decidor Murciélago ni á tantos otrosa asiduos con- currentes á las Veladas, verdaderas lides, en que las armas del talento y del ingenio se disputaban el lauro!
En los cristales de una ventana vi temblar el reflejo de muchas luces, y el presentimiento de aquella desgracia que las monjas habían querido ocultar, cruzó por mi alma con un vuelo sombrío de murciélago.
El llamado Cavador de Rostros vino a arrancarles los ojos: Murciélago de la Muerte, vino a cortarles la cabeza: Brujo-Pavo vino a comer su carne: Brujo-Búho vino a triturar, a romper sus huesos, sus nervios: fueron triturados, fueron pulverizados, en castigo de sus rostros, porque no habían pensado ante sus Madres, ante sus Padres, los Espíritus del Cielo llamados Maestros Gigantes.
Estuvieron allá adentro, pero durmieron en sus cerbatanas; no fueron mordidos por los dientes que estaban en la Mansión. Se entregaron en seguida, pero a un Murciélago de la Muerte que vino del cielo a manifestarles lo qué debían hacer.
Si revuela a nuestro alrededor un solo murciélago, nos crispa; si en una gruta pabellonada de sartas de murciélagos se nos aplana encima el enjambre, nos ahoga.
La cosa no ha resultado del todo como yo esperaba, pues el viejo sabio (¡qué hombre tan excelente!) es más ciego que un murciélago; pero, lo mismo da: a esta familia ya la he echado fuera del carro.