Ejemplos ?
Es una noche de marzo Turbia por demás y lóbrega, En que con ira los vientos Desencadenados soplan, Desiertas están las calles De Medellin, y en la sombra Todo solitario yace Todo tranquilo reposa, Solo el silencio interrumpe La voz destemplada y bronca Del ábrego que se estrella Contra las murallas sólidas Y el ágrio son con que giran En las ahuzas mohosas Las veletas al impulso De las ráfagas sonoras.
Desde el bar de la terraza se distinguían, casi a sus pies, las murallas almenadas de la vieja dominación portuguesa; más allá de las almenas el espejo azul de agua de la bahía se extendía hasta el horizonte verdoso.
¡Aquel brujo sí que mataba al dragón!... Llegó el día del combate, y todo el vecindario se agolpó en las murallas, anhelante y pálido de ansiedad.
El ansia me arropa con bullicios mudos y tiro la copa de vicios desnudos. Se alejan los miedos de murallas viejas y escándalos quedos me tejen de rejas.
Desierta queda Cieros/Esciros, dejan la ptiótica Tempe 35 y de Crannón las casas y las murallas lariseas; a Farsalo llegan, los farsalios techos concurren.
Juzga, pues, ahora si a este sabio, a quien la guerra y el enemigo práctico en batir murallas no pudieron quitar cosa alguna, si se la podrá quitar el ladrón, el calumniador, el vecino poderoso o el rico, que por no tener hijos se hace respetar como rey.
Por ser demasiado temprano para presentar nuestros respetos consulares, vagamos por y en contorno de la ciudad antes tan floreciente y bien dispuesta, pero que ahora mostraba un cuadro de luchas intestinas de lo que la peor ambición llama guerra gloriosa. Murallas arruinadas, calles abandonadas, habitaciones sucias y deterioradas, una población despreciable y mísera taraceada con toda variedad de colores, desde el negro azabache al mestizo y de allí al pálido triste criollo ”.
La Albufera, inmensa laguna casi confundida con el mar, llegaba hasta las murallas; la huerta era una enmarañada marjal de juncos y cañas que aguardaba en salvaje calma la llegada de los árabes que la cruzasen de acequias grandes y pequeñas, formando la maravillosa red que transmite la sangre de la fecundidad; y donde hoy es el Mercado extendíase el río, amplio, lento, confundiendo y perdiendo su corriente en las aguas muertas y cenagosas.
No a él ningún héroe en la guerra se comparará cuando los frigios llanos manen de teucra sangre, y las troicas murallas tras asediar en prolongada guerra, 345 del perjuro Pélope las devaste el tercer heredero.
Como angustiadas por esos males sus murallas padecieran, 80 el propio Teseo el cuerpo suyo por su querida Atenas arrojar prefirió, mejor que tales funerales hacia Creta desde la Cecropia –y no funerales– portados fueran.
A estos que lloran y se lamentan, y a los que por defender sus riquezas oponen sus desnudos pechos a las desnudas espadas, y a los que, huyendo del enemigo, llevan cargados los senos, puedes preguntar lo que perdieron.» Ten, pues, por cosa cierta, amigo Sereno, que aquel varón perfecto, lleno de todas las virtudes humanas y divinas, no perdió cosa alguna, porque sus bienes estaban cercados de murallas firmes e inexpugnables.
En la orilla del Mediterráneo, sobre las murallas, recostada a lo largo de los antiguos cañones portugueses, con Dais el Bint Abdalla sentado melancólicamente a su lado.