munificencia


También se encuentra en: Sinónimos.

munificencia

(Del lat. munificentia.)
1. s. f. Actitud muy generosa pudo librarse del embargo gracias a la munificencia de sus vecinos. prodigalidad
2. Liberalidad y tolerancia de un rey o de un gobernante.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

munificencia

 
f. Generosidad espléndida.
Largueza, liberalidad del rey o de un magnate.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

munificencia

(munifi'θenθja)
sustantivo femenino
generosidad soberbia la munificencia de los soberanos
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos

munificencia

Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

munificencia

munificence

munificencia

munificenza

munificencia

SFmunificence
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Los cohetes y las palomitas de colores -debido a la munificencia de los chinos acatolicados- expresaban luego el júbilo de los circunstantes por la extraordinaria noticia...
(Décimo primero) Repasaban luego las lecciones leídas por la mañana y concluida la comida con alguna confitura de naranja, se limpiaban los dientes con un trozo de lentisco, se lavaban las manos y los ojos con agua alabanza de la munificencia y benignidad divinas.
Y brotaban primero, en su mente de viejo jugador, ideas de munificencia: daría mil pesos para el hospital español; quinientos a la sirvienta que, desde que estaba en este pueblo, cuidaba de él; a otros cien, haría regalos; y hasta se daría el orgulloso lujo de pagar cierta deuda vieja que, aunque nadie la reclamase, le hacía en la conciencia cosquillas.
Si no hubiera sido por temor a humillarme delante de tan numerosa asamblea, de buena gana hubiese yo caído a los pies del generoso jugador, para darle gracias por su munificencia inaudita., Pero, poco a poco, luego que le hube dejado, fue volviendo a mi seno la desconfianza incurable; no me atreví ya a creer en felicidad tan prodigiosa, y mientras me acostaba, rezando una vez más, por un resto de costumbre imbécil, repetíame medio dormido: «¡Dios mío!
Se resistió Fulánez y sólo fue después de un largo debate que le aflojó cinco pesos, haciéndole sentir toda la magnitud del sacrificio, la magnificencia de su munificencia, y lo profundo que tenía que ser, desde ya, su agradecimiento.
Rubicunda Ceres, que coronas de espigas tus finos cabellos, ¿por qué en el día de tu festividad nos prohíbes los placeres? En todas partes, ¡oh diosa!, las gentes pregonan tu munificencia, y ninguna es tan favorable a la dicha de los mortales.
Nunca los señores de Vizcaya tornaban a Castilla sin ir a orar y a dejar memorias de su piedad y munificencia en la verde islita de Izaro, poblada sólo por unos humildes y penitentes hijos de San Francisco, y allí se descubre aún, entre el césped y las zarzas, la memoria de los grandes Reyes Católicos, que iban como a ratificar ante la majestad del Océano indomable el juramento que acababan de hacer ante la majestad de un pueblo nunca domado.
Inmediatamente que Cristo, ascendiendo a lo alto, hubo tomado posesión de su reino, conquistado con tanto trabajo, con divina munificencia abrió sus tesoros, repartiendo a los hombres los dones del Espíritu Santo(35): «Y no es que antes no hubiese sido mandado el Espíritu Santo, sino que no había sido dado como lo fue después de la glorificación de Cristo»(36).
Su munificencia no se limitó aquí, sino que aspirando a la más elevada, gloria y reputación, encontrábase entonces en Tesalia con el exclusivo objeto de adquirir las fieras más hermosas y los gladiadores más reputados.
I.- La primera de estas secciones comprende, acerca de la Universidad: 1.º Un Resumen histórico, en el cual el vicerrector, señor Canella, compendiando otras publicaciones en que ha estudiado con más amplitud el asunto, expone rápidamente su origen (debido a la munificencia del arzobispo Valdés en la segunda mitad del siglo XVI), sus vicisitudes, así en sus relaciones sociales y exteriores, como en su vida interna; su edificio, su galería de retratos de hijos ilustres y otros cuadros, y sus dependencias.
Vuestra munificencia, dedicándome una nación, se ha adelantado a todos mis servicios; y es infinitamente superior a cuantos bienes pueden hacernos los hombres.
Y yo el presente Escribano Público, José Alvarenga, de 37 años y de este vecindario, doy fe de conocedor al otorgante y que está en su juicio, y que en este estado se le ocurrió añadir: que recomienda a su esposa a la munificencia del pueblo salvadoreño, a quien ha servido por 30 años, pues repite que la deja sin recursos, y que solamente le lega una pesadumbre sin ejemplo.