Ejemplos ?
Se pueden encontrar dibujos de Juan Manuel Sánchez en ediciones de obras como Cuentos de mi tía Panchita (1936), de Carmen Lyra, Versos para niños (1941), de Emma Gamboa Alvarado, Las semillas de Nuestro Rey (1958) y Mulita Mayor (1967), de Carlos Luis Sáenz, Literatura infantil costarricense (1958), de Luis Ferrero Acosta, Cuentos grises (1959), de Carlos Gagini, El Moto (1959), de Joaquín García Monge, El targuá (1960), de Fabián Dobles, La hora de los vencidos (1963), de Samuel Rovinsky, entre muchos otros.
Era hombre de mucho secreto, y muy querido de todos sus feligreses por lo servicial y lo parejo; lo mismo era con los señores acaudalados que con los probrecitos limosneros. Su única diversión era cuidar una mulita baya, que contemplaba como a las niñas de sus ojos.
De lejas tierras, cuñao, después de haberme troteao media América enterita. De suerte que de mulita ya nada tengo, ¡qué Cristo! pues con las cosas que he visto en tanto como he andao, de todo estoy enterao y para todo estoy listo.
Y el capote haciendo a un lao, desenvainó allí un baulito Y jué y lo puso juntito Al ramo del abombao. ―No me hable de ese mulita: ¡Que apunte para una banca!
l pasar, de noche, cerca de la cueva de unos peludos, una mulita oyó el ruido de la conversación, y como es bastante curiosa por naturaleza, se acercó despacio y paró la oreja para escuchar mejor.
-¿Y eso qué contiene, mi padre? -le preguntó el alcalde. -Después se sabrá -contestó él. -¿Y la mulita? -Después se sabrá. Y de aquí no lo sacaron.
El no lo conoce; pero siente que es el mismo. Bien comprende que éste que ve montado en esa mulita tan linda, de mentiras, no está vivo como los demás hombres.
Avistóse con los padres del muchacho, arreglóle el ajuar; comulgó con él en una misa que habían mandado a la Santísima Trinidad para el buen éxito de la empresa; dióle los últimos perfiles y consejos, y una mañana muy fría de enero viose salir a San Antoñito de panceburro nuevo, caballero en la mulita vieja de señó Arciniegas, casi perdido entre los zamarros del Mayordomo de Fábrica, escoltado por un rescatante que le llevaba la maleta y a quien venía consignado.
Pasaron unos meses, y un día allá por cuasimodo, llamaron al vicario con mucha urgencia para que fuera a auxiliar un moribundo, por allá a unos guaicos algo retirados del pueblo. Ensilló su mulita, y a propio golpe de las doce emprendió marcha, rezando el avemaría.
No, amigo, porque no hay mengua en que vengan a poblar; pues nos pueden enseñar muchas cosas que inoramos de toda laya: ¿a qué andamos con que naides necesita, si hay tanto y tanto mulita entre los que más pintamos?
Traspasados de dolor padre y madre quisieron engañarla, para que tuviese una alegría en aquel instante de suprema aflicción, y presentándole los pavos, le dijeron: «Mira, hija de mi alma, aquí tienes la mulita y el bueyecito.» Pero Celinina, aun acabándose, tuvo suficiente claridad en su entendimiento para ver quo los pavos no eran otra cosa que pavos, y los rechazó con agraciado gesto.
Allí aparecía la mulita, el armadillo sabroso, de cuya condición fisiológica discuten los naturalistas, monstruo absurdo, no por el daño ni por el temor que inspire, sino por costumbres singulares.