Ejemplos ?
Ante la puerta de la iglesia había un mendigo anciano que se sostenía en sus muletas; Juan le dio los peniques que guardaba en su bolso, y luego prosiguió su viaje por el ancho mundo, contento y feliz.
Un vértigo de celos y de ira salvaje resbaló por el alma del Carambuco, que saltó al patio a riesgo de tener que andar un par de meses con muletas, se incorporó rápido sin tener que lamentar percance alguno en su persona, y se dirigió trágico como una amenaza de muerte hacia la puerta, al llegar ante la cual se detuvo al oír cómo a los sones de la guitarra comenzaba a cantar un hombre, a juzgar por la voz y de modo dulcísimo y maravilloso: El que te tuvo en la mano te despreció, y yo, paloma, ya en toa mi vía no te suerto manque los mengues me coman.
Pero no..., ¡no traigas el sable! ¡Con las muletas me basta y sobra para romperle la cabeza! -Márchate, Rosa..., y no hagas caso; que éstas son chanzas del señor don Jorge...-expuso Angustias, haciendo pedazos la carta-.
La idea que aquella palabra despertaba en su espíritu era la de un rostro lleno de arrugas, con un gorro de algodón, con acompañamiento de muletas, de una pierna de palo y de un perro con una cestita en la boca.
-añadió el ladino Capitán, logrando alcanzar las muletas y comenzando a pasearse aceleradamente, cual si huyera de la interrumpida discusión.
Si algo hemos aprendido es que la ciencia no solamente resulta incapaz de justificar las pretensiones de la libertad, sino que, además, necesita de las muletas que le permitan un apoyo exactamente contrario.
Y, aunque la noche volaba con sus ligeras y negras alas, le parecía a Rodolfo que iba y caminaba no con alas, sino con muletas: tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa.
Ni a nadie hagas cargos tampoco por lo de traductor, pues es forzoso que se eche muletas para ayudarse a andar quien nace sin pies, o los trae trabados desde el nacer.
Mas para ello necesito que antes me responda usted con lealtad a una pregunta..., después de haberme alargado las muletas, a fin de marcharme sin hablar más palabra, en el caso de que se niegue usted a lo que pienso proponerle...
-Pregunte usted y proponga... -dijo Angustias, alargándole las muletas con indescriptible donaire. Don Jorge se apoyó, o, mejor dicho, se irguió sobre ellas, y clavando en la joven una mirada pesquisidora, rígida, imponente, le interrogó con voz de magistrado: -¿Le gusto a usted?
La Condesa se hubiera quedado sola con su servidumbre, si el cielo no hubiera dispuesto que el más alegre y entendido de sus hijos, cuando apenas tenía doce años, hiciese la travesura de montar en un potro cerril, que se despeñó y rodó con él por un barranco, dejándole lisiado para siempre, y tan cojo, que difícilmente podía salir de casa, a no tomar muletas, en vez de tomar las armas.
Ingierna hembra, diabla afeitada, mientras que tuve que dar y me duró el granillo, el tiempo fue pecador, no hubo vecinas, tu maldita y descomulgada tía que ahora gruñe de día y de noche, entonces de día me comía y de noche me cenaba, y con aquellos dos colmillos que sirven de muletas a sus quijadas, pedía casi tanto como tú, con más dientes que treinta mastines.