Ejemplos ?
Ésta, dientes de pie y medio; las encías, en verdad, de un carromato viejo tiene, demás de esto una comisura cual, escindido, en el verano, de una mula meando el coño tener suele.
Gargatúa va de caballero en una mula de dimensiones monstruosas que al agitar la cola contra moscas y tábanos transforma un espeso bosque en campo raso, llamado Beauce, por la frase del gigante “Je trouve beau ce” (encuentro bello esto).
En los tiempos en los que se estaba construyendo iban a buscar la piedra en una cantera de la montaña de Archiac. Una gran mula y unos bueyes blancos, uncidos a un carro, transportaban aquella piedra.
Finalmente, arranca las campanas, pensando que estarán mejor en el cuello de su mula; viene a buscarlas el maestro Janotus de Bragmardo con su bárbaro latín: “De parte Dei, date nobis clochas (cloches: campanas) nostras...” La educación completamente diferente que recibe Gargantúa responde a las opiniones de Rabelais humanista y que después, en el capítulo siguiente de este opúsculo serán tratadas y comentadas.
En el portal de la calle, que en Sevilla llaman casapuerta, hizo una caballeriza para una mula, y encima della un pajar y apartamiento donde estuviese el que había de curar della, que fue un negro viejo y eunuco; levantó las paredes de las azoteas de tal manera, que el que entraba en la casa había de mirar al cielo por línea recta, sin que pudiesen ver otra cosa; hizo torno que de la casapuerta respondía al patio.
Durmieron lo poco que de la noche les quedaba, y, a obra de las seis de la mañana, bajó Carrizales y abrió la puerta de en medio, y también la de la calle, y estuvo esperando al despensero, el cual vino de allí a un poco, y, dando por el torno la comida se volvió a ir, y llamó al negro, que bajase a tomar cebada para la mula y su ración; y, en tomándola, se fue el viejo Carrizales, dejando cerradas ambas puertas, sin echar de ver lo que en la de la calle se había hecho, de que no poco se alegraron maestro y discípulo.
¿Quieres vender como potros tus caballos viejos? ¿Quieres que le enseñe el francés a una mula? El Conde del Montijo no pudo contener la risa.
Unos decían: “El Señor le socorra y valga.” Otros: “Bien se le emplea, pues levantaba tan falso testimonio.” Finalmente, algunos que allí estaban, y a mi parecer no sin harto temor, se llegaron y le trabaron de los brazos, con los cuales daba fuertes puñadas a los que cerca dél estaban. Otros le tiraban por las piernas y tuvieron reciamente, porque no había mula falsa en el mundo que tan recias coces tirase.
En medio de la estancia hallábase un hombre puesto a cuatro pies sobre la alfombra: encima de él estaba montado un niño de tres años espoleándolo con los talones, y otro niño, como de uno y medio, colocado delante de su despeinada cabeza, le tiraba de la corbata, como de un ronzal, diciéndole borrosamente: -¡Arre, mula!
Es también una convocatoria a todos para conocer y para aprender. Tuvimos que remover también muchos obstáculos, pero bueno, “terca la mula”, como me dicen, ahí fuimos.
Ahora a él quiero de tu puente enviarlo de cabeza, si capaz esto es de repente de sacarlo de su estúpida modorra y boca arriba esta actitud abandona en el pesado cieno, como su férrea suela en la tenaz vorágine la mula.
Serapion arreó a su mula, cuyo paso siguió la mía enseguida, y un recodo del camino me arrebató para siempre la ciudad de S, pues no volvería nunca.