mugriento


También se encuentra en: Sinónimos.

mugriento, a

adj. Que está muy sucio llevaba un pantalón mugriento. mugroso

mugriento, -ta

 
adj. Lleno de mugre.

mugriento, -ta

(mu'γɾjento, -ta)
abreviación
que está muy sucio un motor de autos mugriento
Sinónimos

mugriento

, mugrienta
adjetivo
Traducciones

mugriento

filthy, dirty, greasy, grimy

mugriento

قَذِر

mugriento

špinavý

mugriento

beskidt

mugriento

dreckig

mugriento

likainen

mugriento

répugnant

mugriento

prljav

mugriento

不潔な

mugriento

불결한

mugriento

smerig

mugriento

skitten

mugriento

paskudny

mugriento

imundo

mugriento

smutsig

mugriento

สกปรก

mugriento

iğrenç

mugriento

bẩn thỉu

mugriento

污秽的

mugriento

ADJ (= sucio) → dirty, filthy; (= grasiento) → grimy, greasy
Ejemplos ?
Aborrecedor implacable de los cristianos y de cuanto a ellos pudiera pertenecer, jamás pasó junto a un caballero principal o un canónigo de la primada sin quitarse una y hasta diez veces el mugriento bonetillo que cubría su cabeza calva y amarillenta, ni acogió en su tenducho a uno de sus habituales parroquianos sin agobiarlo a fuerza de humildes salutaciones, acompañadas de aduladoras sonrisas.
Y si nos dilatamos en esta materia será proceder infinito, sólo digo que en cuanto he hablado y ponderado del culo aunque me queda el rabo por desollar, que sus gracias son muchas y muy dignas de ponderación, como no son menores sus desgracias siguientes: DESGRACIAS DEL OJO DEL CULO PRIMERA DESGRACIA Enseña un ayo mugriento la lición a un descuidado niño.
Cuando los granujas trasegaron a sus estómagos, en dos sorbos, las pócimas infames que les sirvió el tabernero, pagó Pipa el gasto con la media peseta, más un cuarto que sacó de un pliegue de su mugriento gorro, y salieron todos a la calle.
El sombrero hiperbólico de caña abigarrada, el vestido mugriento de coleta, los golpes rojos y desteñidos del cuello y de los puños, los pantalones holgados y caídos por las posas y que más parecían de seminarista, dignos eran de cubrir aquel cuerpo largo y desgavilado.
Ovillitos, después de dirigir miradas escudriñadoras a las tapias y al camino, se sentó bajo el árbol que cobijaba a Román, y sacando una tijera, descosió dos de los infinitos parches que esmaltaban su mugriento capote de barragán.
Ya no repartía carneros a los cortantes de la ciudad; olvidaba su carrito mugriento, y, embrutecido por la sorpresa, queriendo llenar aquel algo que le faltaba, sólo sabía beberse águilas en el cafetín, o ir tras Pepeta, humilde, cobarde, encogido, expresándose con la mirada más que con la lengua.
Allí estaba en su centro, junto a los toneles pintados de rojo oscuro, entre las mesillas de cinc jaspeadas por las huellas redondas de los vasos, aspirando el tufillo del ajoaceite, del bacalao y las sardinas fritas que se exhibían en el mostrador tras mugriento alambrado, y bajo los suculentos pabellones que formaban, colgando de las viguetas, las ristras de morcillas rezumando aceite, los manojos de chorizos moteados por las moscas, las oscuras longanizas y los ventrudos jamones espolvoreados con rojo pimentón.
¿Pero de dónde diablos había sacado aquella aristocracia de los nervios, más rara quizás que las de la sangre y la inteligencia, ella la hija de un zapatero mugriento?...
Cuando entró en el recibimiento descubrió a Iván, su criado, tumbado de espaldas en un mugriento sofá de cuero y dedicado a escupir al techo con tanta puntería que muchas veces acertaba en el mismo sitio.
Y llegan dos hombres. Uno, con chapeo pardo, mugriento; otro, con gorra gris desfilachada. Ambos maltraídos, con gesto de atroz cansancio, las barbas crecidas y la tez de ese color amarillento que viene de las noches a la intemperie y las mañanas sin aseo.
Si los padres de la Camarona rezaban atropellado y mal, creían bien, y la chiquilla antes se deja quitar un ojo que el escapulario mugriento de Nuestra Señora de la Pastoriza.
Un momento después penetró en la sala, pisando tímidamente, un aldeano de madura edad, con la chaqueta al hombro, barba de quince días, y dando vueltas en las manos a un mugriento sombrero que solamente cesaba de girar cuando el aldeano sacaba una de ellas de la arrugada copa para retirar hacia atrás las ásperas y encanecidas greñas que le caían sobre los ojos.