mugriento

(redireccionado de mugrienta)
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mugriento, a

adj. Que está muy sucio llevaba un pantalón mugriento. mugroso
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

mugriento, -ta

 
adj. Lleno de mugre.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

mugriento, -ta

(mu'γɾjento, -ta)
abreviación
que está muy sucio un motor de autos mugriento
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos

mugriento

, mugrienta
adjetivo
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

mugriento

filthy, dirty, greasy, grimy

mugriento

قَذِر

mugriento

špinavý

mugriento

beskidt

mugriento

dreckig

mugriento

likainen

mugriento

répugnant

mugriento

prljav

mugriento

不潔な

mugriento

불결한

mugriento

smerig

mugriento

skitten

mugriento

paskudny

mugriento

imundo

mugriento

smutsig

mugriento

สกปรก

mugriento

iğrenç

mugriento

bẩn thỉu

mugriento

污秽的

mugriento

ADJ (= sucio) → dirty, filthy; (= grasiento) → grimy, greasy
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Por la tarde envolvíase el zapatero en la mugrienta capa y, llevando bajo sus pliegues escondido al gallo, dirigíase al reñi- dero, acompañado de sus amigos que, habiendo conocido al ani- mal desde pollo y vístolo topar, no daban por medio menos su victoria sobre el lechuza del barbero.
Separaba los dos miserables catres el espacio en que cabía apenas una mesilla de nogal mugrienta y desvencijada; allí había que colocar el velón de aceite (porque el petróleo apestaba), y como la luz podía ofender al filósofo, que no velaba, creyó Zurita obligación suya pedir licencia.
Merced al desorden que este nuevo lance produjo en el duelo, la viuda logró alcanzar con las uñas el pelo de su adversaria, zarandeóla un rato a su gusto, gritaron entrambas con horribles imprecaciones, terciaron los hombres en el asunto, hubo diferencias entre ellos, sacudiéronse el polvo algunos, y en pocos instantes aquella mugrienta habitación se transformó en un campo de batalla, verdaderamente aterrador, batalla que hubiera costado mucha sangre, a no presentarse en la sala, muy a tiempo, el alcalde de mar.
Nuestro don Gil reflexionó que el finado le había pedido muchas gollerías; que podía entrar en la fosa común sin asperges, responsos ni sufragios; y que, en cuanto a ropaje, bien aviado iba con el raído pantalón y la mugrienta camisa con que lo había sorprendido la flaca.
Esto era, que ínter el carnicero en un grupo descuartizaba a golpe de hacha, colgaba en otro los cuartos en los ganchos a su carreta, despellejaba en éste, sacaba el sebo en aquél, de entre la chusma que ojeaba y aguardaba la presa de achura salía de cuando en cuando una mugrienta mano a dar un tarazón con el cuchillo al sebo o a los cuartos de la res, lo que originaba gritos y explosión de cólera del carnicero y el continuo hervidero de los grupos, dichos y gritería descompasada de los muchachos.
Todo el mobiliario de la celda se componía de cuatro sillones de vaqueta, una mesa mugrienta y una tarima sin colchón, sábanas ni abrigo, y con una piedra por cabezal o almohada.
Y un borrego con gran cornamenta y pardos mechones de lana mugrienta, y una oveja con bucles de armiño-, la mejor en figura y aliño-, se copulan con ansia que tienta.
La casa que los albergaba se componía de una sala y cinco cuartos, quedando gran espacio de terreno por fabricar. Seis sillones de cuero, un escaño de roble y una mugrienta mesa pegada a la pared, formaban el mueblaje de la casa.
Este edificio se alzaba solo, en medio de una plaza abierta, como si hubiese sido un palacio u otro ejemplo de belleza o excelencia. Pero más aún, de hecho, mediante este refinado escenario, se acentuaba la deprimente sordidez de la mugrienta estructura.
Hecho el lío de ropa, pasó el Tuerto su brazo izquierdo por debajo de los nudos, metió dentro de la gorra algunos mechones de pelo que le caían sobre los ojos, tiró de una bolsa de piel mugrienta que guardaba en un bolsillo de sus pantalones, sacó de ella tabaco picado, hizo un cigarro, encendióle en un tizón que le trajo su mujer, que lloraba, aunque en silencio; fijóse en los chicuelos, que también lo rodeaban, y, haciendo un gran esfuerzo, dijo con voz insegura: -¡Ea!, sobre que ha de ser, cuanto más pronto.
Tienen una cara graciosa, un habla suelta, insinuante, labia, desparpajo; saben hacer útiles abriendo portezuelas, avisando simones o recogiendo el pañuelo que se cae; conocen el arte de mendigar, y cuando, al anochecer, repiten «con más hambre que un oso» o reclaman, cual si les debiese de derecho, la «perrilla». Ya en su mugrienta faltriquera danzan las monedas de cobre que les permitirán refocilarse en el bodegón de la calle de Toledo.
Hojeando una libreta mugrienta leía en alta voz la larga lista de pedidos recogidos, y dilatando su boca de ballenato se reía hasta el fondo rojo de la garganta, y dos hileras de dientes saledizos.