mosqueador

mosqueador

1. s. m. Utensilio semejante a un abanico, usado para espantar las moscas.
2. coloquial Cola de una res vacuna o de una caballería.

mosqueador

 
m. Especie de abanico para espantar o ahuyentar las moscas.
fig. y fam.Cola de una caballería o de una res vacuna.
Traducciones

mosqueador

SM (para moscas) (= instrumento) → fly-whisk; (= cola) → tail
Ejemplos ?
De los sodomitas y viejas, no solo no sabemos dellos, pero ni querríamos saber que supiesen de nosotros, que en ellos peligran nuestras asentaderas, y los diablos por eso traemos colas, porque como aquellos están acá, habemos menester mosqueador de los rabos; de las viejas, porque aun acá nos enfadan y atormentan, y no hartas de vida, hay algunas que nos enamoran.
Con más facilidad topé por qué se decía al lindo ojo del culo "manojo de llaves": por lo redondo del cabo y muchas molduras que hacen aquel mismo repulgo, y viene bien con los que llaman cofre al culo, que es darle cerradura.; y en los animales vemos que la Naturaleza les cubre el culo con la cola o rabo, para que como parte más necesaria y secreta, estuviera acompañado tapado y abrigado, y con mosqueador para de verano, y en las aves lo mismo.
Ella, como le vió que ya exhalaba blandamente el espíritu en suspiros, y que piramizaba entre dulces de Amor fingidos tiros, porque no se le rompa vena o fibra, el mosqueador de las ausencias vibra, pasándole dos veces por su cara.
Esta relativa anarquía discursiva que puede observarse en El Mosqueador favoreció la expresión tanto de los modos de ser como de los de hablar del autor y de sus contemporáneos.
“En conjunto, estas distintas intenciones se integran para hacer de Las Luces un libro de calidades poéticas, coherente, pulido y muy funcional al sistema.” Leyva 33-34. El Mosqueador Es una sátira dirigida contra la necedad, que anuncia el espíritu crítico de la ilustración.
En lugar de los resplandores y los júbilos de la iglesia, El Mosqueador saca a relucir lo mezquino, bajo y vulgar de las conductas humanas asociándolas con prolijidad de detalles al universo escatológico de las moscas y en lugar del discurso solemne de Las Luces, se encuentra uno menos elaborado, con adiciones, giros inesperados, abundantes repeticiones y largas digresiones.
La jocosidad que despertaban las ocurrencias de Don Antonio en El Mosqueador consiguió motivar sin duda el que entra varias veces en la imprenta, pero puede pensarse que más allá del ingenio del autor, hubo una complicidad pragmática con sus lectores en reír y zaherir la propia realidad tan generalmente oculta bajo los ropajes del Barroco-aunque sin olvidar tampoco que en esta operación Don Antonio se colocaba a sí mismo en otra sima de poder.
La literatura hondureña tiene sus orígenes en el periodo colonial con los escritores: Francisco Carrasco de Saz, Antonio de Paz y Salgado (nacido en Real de Minas de Tegucigalpa a finales de 1600 y fallecido probablemente en 1748), es autor de dos obras de índole humorística: Instrucción de litigantes o guía para seguir pleitos y El Mosqueador o abanico con visos de espejo para ahuyentar y representar todo género de tontos...