Ejemplos ?
Me echaron a la calle y me encadenaron. Había mordido en la pierna al señorito pequeño, porque me quitó un hueso que estaba royendo.
Yo no soy aquí extranjero: si no conocen ya al hombre, aún fío en Dios que mi nombre no suene al oído mal. ¡Patria!… no sé si en mi ausencia la calumnia me ha mordido: yo vuelvo como he partido, hijo leal para ti.
La que me queda por contaros esta noche —dijo la Duelos—, la supe por una de mis amigas; esta vivía desde hacía dos años con un hombre que no tenía nunca erección hasta después de haberle sido aplicados veinte papirotazos en la nariz, haberle tirado de las orejas hasta hacerle brotar sangre, mordido las nalgas, el pito y los cojones.
La flecha emponzoñada, del más fuerte el valor abatía, y cuando en las llanuras de la patria cuerpo a cuerpo, atrevido se medía con los hijos membrudos de los Andes, el suelo veces mil se estremecía, antes de declararse la victoria; y si a veces el polvo habéis mordido, no caísteis jamás sin mucha gloria: creedme, si el hispano es vuestro dueño, los Dioses nada más os han vencido».
Era una moza juncal, bien vestida, de peinado complicado y mordido por los dientes de concha de varias peinetas; una belleza dura y popular, morenaza y con ojos como cuentas de azabache; en aquel momento estaban hinchados y rojos, rellenos de lágrimas ardientes.
A su espalda se descubre el pueblo, el infame pueblo donde la gitana no pudo detenerse, porque la arrojaron, porque la persiguieron, porque hubo de salir inmediatamente sin alimento, sin agua, con su hijo mordido por la calentura, con sus pies sangrando, con su pecho exhausto, maldita de Dios y perseguida de los hombres.
-Sí, aquí está, que yo la vi anoche -dijo el mordido; razón con que Andrés quedó como difunto, pareciéndole que había salido al cabo con la confirmación de sus sospechas-.
A veces recuerdo que me ponía a pensar en mi casa y en Peggotty, y trataba confusamente de recordar cómo sentía y qué clase de niño era antes de haber mordido a míster Murdstone; pero no lo conseguía.
-dijo a esta sazón el mozo-, quiero que sepáis que la fuerza que me ha hecho mudar de traje no es la de amor, que vos decís, ni de desear a Preciosa, que hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas, puesto que confieso que la hermosura de vuestra parienta a todas las que yo he visto se aventaja. Quien me tiene en este traje, a pie y mordido de perros, no es amor, sino desgracia mía.
El torero que asusta al público en la plaza con su temeridad no torea, sino que está en ese plano ridículo, al alcance de cualquier hombre, de jugarse la vida; en cambio, el torero mordido por el duende da una lección de música pitagórica y hace olvidar que tira constantemente el corazón sobre los cuernos.
El desvío de la moza exaltó su pasión hasta lo infinito. Mordido por los celos, desdobló sus esfuerzos para reconquistar el terreno perdido, estrellándose contra el creciente desamor de la joven que cada día demostraba con señales visibles su simpatía y preferencia por el otro.
Muerdo al fuego, y el bocado es daño y bien del mordido, no vierte sangre el herido aunque se ve acuchillado; mas si es profunda la herida por mano que no acierte, causa al herido la muerte y en la muerte está su vida.