moralista

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moralista

1. s. m. y f. FILOSOFÍA Persona que enseña o estudia moral o ética.
2. LITERATURA Autor que escribe sobre la moral.
3. adj./ s. m. y f. Se aplica a la persona que pretende moralizar o propagar las normas morales.
4. s. m. RELIGIÓN Clérigo que se ordenaba sin haber estudiado más que latín y moral.

moralista

 
com. Profesor de moral o autor de obras de este género.
El que estudia moral.

moralista

(moɾa'lista)
abreviación
persona o cosa que manifiesta una intención moralizadora una película moralista

moralista

(moɾa'lista)
sustantivo
persona que estudia cuestiones de moral El moralista enseñaba derecho en la universidad.
Sinónimos

moralista

cosustantivo masculino
Traducciones

moralista

moralist

moralista

Moralist

moralista

moralist

moralista

moralist

moralista

モラリスト

moralista

moralist

moralista

A. ADJmoralistic
B. SMFmoralist
Ejemplos ?
No es una ficción quimérica, no, decía para mis adentros, la alegoría con que los antiguos moralistas representaban a la Fortuna ciega.
Algunos hasta soñaron con investirlo(invertirlo) de una misión política sustituyendo al sufragio universal tal, como funciona en nuestro país un sistema de voto por corporaciones, cada individuo delante de votar en lo sucesivo por un représentan en lo sucesivo votar por un representante escogido entre sus pares o sus jefes jerárquicos, en su corporación. Citemos entre los moralistas que insistieron recientemente en el valor del espíritu corporativo MM.
Y la virtud era la más ardua de las empresas posibles. Así que la mayor parte de los moralistas no tenían laboratorio. Todo esto, y muchas cosas más que Aguadet averiguó, estaba bien y le inclinaba más cada vez a entregar la educación de sus hijos al anacoreta estético, como él llamaba a don Ruperto...
Los idealistas de todas las escuelas, aristócratas y burgueses, teólogos y metafísicos, políticos y moralistas, religiosos, filósofos o poetas, sin olvidar los economistas liberales, adoradores desenfrenados de lo ideal, como se sabe-, se ofenden mucho cuando se les dice que el hombre, con toda su inteligencia magnifica, sus ideas sublimes y sus aspiraciones infinitas, no es, como todo lo que existe en el mundo, más que materia, más que un producto de esa vil materia.
Las observaciones que preceden también nos permiten presentar algunas consideraciones sobre el valor ético del espíritu corporativo. Ciertos sociólogos y moralistas contemporáneos apreciaron de modo muy favorable la influencia moral del espíritu corporativo.
Tan ardiente era el deseo en ellas como en mí; dentro de unos años no recordarán la aventura, y si la recuerdan, les parecerá a ambas tan inocente como me parece a mí ahora. ¿Y esto llaman crimen los moralistas severos, que predican su moral en dramas de tres actos?
Las obras de carácter jocoso no repugnan los pasajes serios y encumbrados, antes parecen recibir importancia de la gravedad filosófica, y ofrecen lugar con gusto a los severos pensamientos con que los moralistas reprimen las irrupciones de los vicios en el imperio de las virtudes.
Un celo entusiástico ha extraviado tan lastimosamente a nuestros moralistas, que no parece sino que se echaban a peregrinar por el mundo para averiguar que nuevos vicios o errores nacían, y dárnoslos luego a conocer en el púlpito: llegando la indiscreción al extremo risible de que la primera vez que se predicaba contra ellos, solían ser tan desconocidos en España, que ni aun nombre tenia la lengua castellana para significarlos, ni se habían oído siquiera los de sus autores.
Y dado que mucha gente en las sociedades racistas moralistas reprimidas desean secretamente practicar estos mismos actos licenciosos, los proyectan fuera hacia los marginados, y así se persuaden de que ellos mismos permanecen civilizados y puros.
Es el caso que Abréu, como todos los que a los cuarenta años se vuelven severos moralistas, tuvo una juventud divertida y agitada.
Es posible que algunos consideren inconveniente o impropia esta publicación por creer que así contribuimos al relajamiento moral de nuestra civilización febril y vertiginosa; pero las censuras de éstos moralistas no me preocupan mayormente por cuanto considero la "Nomenclatura y Apología del Carajo" una obra de erudición lexicográfica.
"Pero mientras los moralistas del siglo diecinueve negaron tan drásticamente como nosotros el derecho de las personas a sacar ventaja de sus superioridades en el trato directo por medio de la fuerza física, sostuvieron que podrían hacerlo con razón cuando los tratos fuesen indirectos y llevados a cabo por medio de cosas.