Ejemplos ?
Ahí, detrás de aquellos muros, reinaba también la muerte, pero una muerte más fría, más callada, más pavorosa que la pálida moradora del campo santo.
Mondaca) y Villarroel, Bernardina Pizarro del Pozo y Gamboa de Astudillo sepultada en la iglesia y convento de Nuestra Señora de las Mercedes; moradora de la ciudad de La Serena; dueña de la estancia Quebrada de las Damas y de un pedazo de viña en el valle del Limarí; testó ante Gaspar Caldera en La Serena 19 mayo 1706; c.
Cuando preguntas cuál es la razón para tal inestabilidad, te dan explicaciones diversas: “No hay hábito de organizarse”, dice una vecina; “Mucho individualismo”, afirma otro; “Es que hay mucho vivo, que organiza a la gente para sacarle plata, nada más”,- denuncia otro vecino; “La gente está acostumbrada al pan en la boca”,- critica alguien; “Nadie quiere meterse a organizar nada, para no verse enredado en la lengua de los desocupados, que aquí abundan”,- dice otra moradora.
o a tu soberbia y tu codicia sumas propicio aguardes el favor celeste, ni breve triunfo conseguir presuntas que poco esfuerzo a tu valor le cueste; como; vestida de ligeras plumas, te le dio un día la cobriza hueste, de estos mundos antigua moradora...
19 Párate en el camino, y mira, oh moradora de Aroer: pregunta á la que va huyendo, y á la que escapó; dile: ¿Qué ha acontecido? 20 Avergonzóse Moab, porque fué quebrantado: aullad y clamad: denunciad en Arnón que Moab es destruído.
Un día, viajando con el propio João Francisco, nos salió al encuentro una vieja moradora de un rancho y conocida de nuestro hombre.
Mas lo que en ti su desaire en ninfa ninguna pudo, que te adelgazó el agudo dolor trocote en aire. Desde entonces moradora eres de las soledades, de Narciso las crueldades lamentando a cada hora.
Y para entones confío que un nieto de un nieto mío se irá a casar con alguna moradora de la Luna, En el volador navío: de modo que, si el olvido en la tierra ha de acabar mi germánico apellido, allá en el orbe lunar se podrá ver mantenido!
La habitación de mi madrina, sita en las Nieves, no lejos de la plazuela de San Francisco (perdone el lector, quiero decir, la plaza de Santander), era pequeña, pero suficiente para su moradora: a la entrada, después de atravesar el zaguán empedrado toscamente, se encontraba un corredor cuadrado, separado del patiecito por un poyo de adobes y ladrillos, el cual estaba también empedrado, pero lleno de arbustos y flores, por lo que era para mi imaginación infantil un verdadero paraíso, que comparaba, con los de los príncipes y princesas de los cuentos que me refería Juana, una de las criadas de mi madrina.
«Cesen los ayes que sin fin exhalas: ¡el anhelado instante se aproxima que del vapor las incansables alas te llevarán a la remota Lima!» ¡Si estuvieras ausente, moradora de Francia, a Grimanesa reunida, y pudiese mi amor a cada hora tu regreso esperar o mi partida!
5 Cantad salmos á Jehová; porque ha hecho cosas magníficas: sea sabido esto por toda la tierra. 6 Regocíjate y canta, oh moradora de Sión: porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.
18 Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos, que como Tabor entre los montes, y como Carmelo en la mar, así vendrá. 19 Hazte vasos de transmigración, moradora hija de Egipto; porque Noph será por yermo, y será asolada hasta no quedar morador.