montano

montano, a

adj. Del monte me gusta respirar el aire montano.

montano, -na

 
adj. Relativo al monte.
bot. Piso de vegetación ubicado entre los pisos basal y subalpino y que en España está situado entre los 800 y los 1 600 m de altitud.
Ejemplos ?
Vino luego Valentino, el que dio por principio de todo el mar y el silencio; Menandro el Mozo de Samaria decía que él era el Salvador y que había caído del cielo, y por imitarlo decía detrás dél Montano frigio que él era el Paracleto.
Pareces tú, Montano, a la gran cumbre deste gran monte, pues vivir contigo es muerte de la misma pesadumbre, es un poner debajo a su enemigo: de la soberbia el trueno estar mirando cuál va descomponiendo al más amigo, las nubes de la invidia descargando ver, de murmuración duro granizo, de vanagloria el viento andar soplando, y de lujuria el rayo encontradizo, de acidia el grueso aliento y de avaricia, con lo demás que el padre antiguo hizo; y desta turba vil que el mundo envicia descargado, gozar cuanto ilustrare el sol en ti de gloria y de justicia.
Si de las Náyades o de Fauno fuera, aun así, el ara, le preguntaba, o si de un indígena dios, cuando tal cosa me refirió mi huésped: 330 “No en este ara, oh joven, un montano numen hay; aquélla suya la llama a quien un día la regia esposa el orbe le vetó, a quien apenas la errática Delos, suplicante, la acogió entonces cuando, leve isla, nadaba; allí recostándose, junto con el árbol de Palas, en una palmera, 335 dio a luz a sus gemelos –contra la voluntad de la madrastra– Latona.
A la cual, en tanto que ella misma, la diosa, no ha de acceder –pues no a Ceres y Hambre 785 los hados reunirse permiten–, de las de numen montano a una, con tales palabras, a una agreste oréade, apela: “Hay un lugar en las extremas orillas de la Escitia glacial, triste suelo, estéril –sin fruto, sin árbol– tierra.
Sigüenza sediento de doctrina bebió en aquella rica fuente, y juntó á sus antiguos conocimientos otros muchos debidos á la amistad de Montano.
Paréceme, Montano, que debría buscar lugar que al dulce pensamiento, encaminando a Dios, abra la vía, ado todo exterior derramamiento cese, y en su secreto el alma entrada comience a examinar, con modo atento, antes que del Señor fuese criada cómo no fue, ni pudo haber salido de aquella privación que llaman nada; ver aquel alto piélago de olvido, aquel sin hacer pie luengo vacío, tomado tan atrás del no haber sido, y diga a Dios: «¡Oh causa del ser mío, cuál me sacaste desa muerte escura, rica del don de vida y de albedrío!» Allí, gozosa en la mayor natura, déjese el alma andar süavemente con leda admiración de su ventura.
Enemigo de las luces que no podía adquirir: enemigo de los sabios, cuyo esplendor le ofuscaba y le ofendía; él hubiera querido acabar con ellos, y cubrir de infamia su memoria, como si la gloria que se labra el ingenio pudiese estar al arbitrio de un bárbaro, aunque lo estén a veces la seguridad y la vida. Este miserable, pues, el mismo que levantó la tormenta armada contra Arias Montano, se ensayó en Fr.
Si baxo las banderas de Montano había manifestado Navarro su esfuerzo y pericia militar, alistado en las del Gran Capitán se acreditó de tal suerte, que solo se hablaba de sus proezas.
Veráse luego mansa y reposada la mar, que por sirena nos figura la bien regida y sabia edad pasada, la cual en tan gentil, blanda postura vista del marinero, se adormece casi a música voz, süave y pura, y en tanto el fiero mar se arbola y crece de modo que, aun despierto, ya cualquiera remedio de vivir le desfallece. En fin, Montano, el que temiendo espera y velando ama, sólo éste prevale en la estrecha, de Dios, cierta carrera.
Montano, cuyo nombre es la primera estrellada señal por do camina el sol el cerco oblicuo de la esfera, nombrado así por voluntad divina, para mostrar que en ti comienza Apolo la luz de su celeste diciplina: yo soy un hombre desvalido y solo, expuesto al duro hado cual marchita hoja al rigor del descortés Eolo; mi vida temporal anda precita dentro el infierno del común trafago que siempre añade un mal y un bien nos quita.
no de los muchos Sabios que ilustraron el siglo de Felipe II fué Benedicto Arias Montano, quien, según los testimonios mas conformes, nació en el año de 1527.
El alma que contigo se juntare cierto reprimirá cualquier deseo que contra el proprio bien la vida encare; podrá luchar con el terrestre Anteo de su rebelde cuerpo, aunque le cueste vencer la lid por fuerza y por rodeo, y casi vuelta un Hércules celeste, sompesará de tierra ese imperfeto, porque el f avor no pase della en éste, tanto que el pie del sensitivo afeto no la llegue a tocar y el enemigo al hercúleo valor quede sujeto; de sí le apartará, junto consigo domándole, firmado en la potencia del pecho ejecutor del gran castigo; serán temor de Dios y penitencia los brazos, coronada de diadema la caridad, valor de toda esencia. Mas para conclüir tan largo tema, quiero el lugar pintar do, con Montano...