montañés


También se encuentra en: Sinónimos.

montañés, a

1. adj. De la montaña.
2. s. Persona natural de una montaña o que vive en ella.
3. adj. De La Montaña, comarca de la provincia de Cantabria.
4. s. Persona natural de esta región.
5. adj. De Santander y de Cantabria, ciudad y región españolas. cántabro, santanderino
6. s. Persona natural de esta ciudad o de esta región. santanderino

montañés -ñesa

 
adj.-s. Natural de una montaña.
De la Montaña, comarca de Cantabria.
adj. Relativo a la montaña.

montañés, -ñesa

(monta'ɲes, -'ɲesa)
abreviación
que está relacionado con la montaña los lagos montañeses

montañés, -ñesa


sustantivo masculino-femenino
persona que habita en la montaña Un montañés experto rescató a las víctimas del accidente.
Sinónimos
Traducciones

montañés

mountaineer

montañés

alpinista, montanaro

montañés

/esa
A. ADJ
1. (= de montaña) → mountain antes de s; (= de tierras altas) → highland antes de s
2. (= de Santander) → of/from the Santander region
B. SM/F
1. (gen) → highlander
2. [de Santander] → native/inhabitant of the Santander region
Ejemplos ?
Raro es el colono montañés que al poco tiempo de establecido no posea, como producto de sus aparcerías, una pareja apta para las labores del campo, algún novillo uncidero, es decir, capaz de ser uncido, o cualquiera otra res vacuna; pero en absoluta propiedad y sin que el arrendador de sus haciendas tenga que intervenir en su venta, cambio o emparejamiento; casos en los cuales el colono, por lo que le va en ello, pone los cinco sentidos y emplea la mayor solemnidad posible.
El abrigo de cuero del señor colgaba de una percha a su espalda, y el sable y las pistolas estaban a su alcance; porque conservaba la vieja costumbre de tener las armas preparadas y un caballo ensillado día y noche, como solía hacer cuando aún podía montar a caballo y salir en persecución de cualquier montañés de que tuviera noticia.
Pues un montañés no necesita saber más que esto para lanzarse a esa tierra feliz; la vida que en la empresa arriesga le parece poco, y otras ciento jugara impávido, si otras ciento tuviera.
A un cuarto de hora del pueblo detuvo otra vez el ímpetu de su jaco, se apeó y llamó en un ventorrillo: -¡Ah de casa... ¡montañés!
on Silvestre Seturas tenía cuarenta años de edad, plus minusve, y era todo lo alto, robusto, curtido y cerrado de barba que puede ser un mayorazgo montañés que no ha salido nunca de su aldea natal más allá de un radio de tres leguas, cabalgando en el clásico cuartago, al consabido trote cochinero, como dicen por acá, o al paso de la madre, expresándonos según los cultos castellanos...
Se hizo su jefe el montañés intrépido, el campo de batalla fue su altar y el órgano divino, el ruido horrísono del cañón enemigo al estallar.
Para que el lector no extrañe algunas frases escogidas del tío Carmelo en el fragmento de diálogo que voy a trasladar, he de advertir que el pueblo de Arfe (realísimo, existente en el mapa, si bien con otro nombre) posee un colegio de segunda enseñanza, fundado por un rico arfeño, donde se da instrucción gratuita y muy completa a los naturales del pueblecillo montañés, y que el sepulturero, en sus primeros años, se había sentado en los bancos de aquel instituto.
Seturas pleiteaba con la desdeñosa tenacidad de todo buen montañés para quien nada supone el bollo cuando se trata del coscorrón: lo propio hizo su padre, muerto gloriosamente de un sofocón a la puerta de la Audiencia, por llegar a tiempo a presenciar la quincuagésima-octava vista del proceso.
No hay trabajo que le arredre, ni contrariedad que apague su fe: la fortuna está sonriéndole detrás de sus desdichas, y la ve tan clara y tan palpable entonces como la vio de niño, cuando, soñando sus ricos dones, se columpiaba en las altas ramas del nogal que asombraba su paterna choza. De lo cual se deduce que la honradez, la constancia y la laboriosidad de un montañés son tan grandes como su ambición.
Era el otro un mancebo, natural de Santander, en España, moreno de color y agraciado de figura, a quien los vecinos de esta noble ciudad de los Reyes conocían por Juanito el Montañés.
Ambrosio el Inglés y Juanito el Montañés durmieron bajo el mismo techo, partieron de un pan y comieron en un plato, sin que hubiese entre ellos ni mío ni tuyo.
Y la infeliz cabeza precisamente su madre en las manos, clavada en el extremo del tirso, como de un león montañés, la lleva a través del Citerón, después de dejar a sus hermanas en los coros de Ménades.