Ejemplos ?
¡COMO PARA CONFUNDIRSE! (A s'y meprende!, 1883) A Monsieur Henri de Bornier. Dardant on ne sait où leurs globes ténébreux. C. Baudelaire UNA mañana gris de noviembre bajaba por los muelles con paso rápido.
Además, y dicho sea de paso, a propósito de apellidos puedo mencionar coincidencias muy singulares en los nombres de mis predecesores inmediatos. Mi padre era monsieur Froissart, de París.
Su esposa, mi madre, con quien se casó cuando ella tenía quince años, era una señorita Croissart, hija mayor del banquero Croissart, cuya mujer, que sólo contaba con dieciséis años al casarse, era hija de Víctor Moissart. Monsieur Moissart, casualidad rara, contrajo matrimonio con una señorita del mismo apellido, mademoiselle Moissart.
L DESAFIO DEL MARISCAL CASTILLA (Reminiscencia histórica) Entre el gran mariscal don Ramón Castilla y el cónsul de Francia monsieur de Saillard se pactó, en 1839, un duelo que debía realizarse un año después.
¡Qué dos blancuras encantadoras! Sonreía, halagada, la extranjera; pero al mismo tiempo..., esto de los hilos..., vamos..., no se atrevía..., sin que monsieur...
-welcome to the jungle baby- le dije-, monsieur Sans-délai -que así se llamaba-; vos venís decidido a pasar quince días, y a solventar en ellos vuestros asuntos.
Troncoso de la Concha, Profesor de la Universidad Central, Presidente del Tribunal Superior de Tierras; Licenciado Francisco J. Monsieur, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República en los Estados Unidos de América; Lic.
En el libro de monsieur Renán se pretende demostrar que Jesucristo no fue el hijo de Dios, sino un Juan particular más o menos sabio; por consiguiente, que el cristianismo no pasa de ser un sistema como otro cualquiera, dado que Jesús no pasó de ser un filósofo, como Platón, como Descartes, como Kraus...
Pero antes de dar a conocer la causa del desafío, y lo que impidió su realización, conviene que el lector sepa quién fué monsieur de Saillard, para que así no se vea en el caso de aquel que, ignorando lo que es un ojo de gallo, le preguntó á un amigo: —¿Qué tiene usted, don Restituto, que le veo tan aliquebrado?
Al llegar aquí monsieur Sans-délai, traté de reprimir una carcajada que me andaba retozando ya hacía rato en el cuerpo, y si mi educación logró sofocar mi inoportuna jovialidad, no fue bastante a impedir que se asomase a mis labios una suave sonrisa de asombro y de lástima que sus planes ejecutivos me sacaban al rostro mal de mi grado.
Algunos conjurados habían esparcido en los corredores esas pequeñas bombas Orsini que estallan al ser pisadas. Era monsieur Jacques, que entraba irritado como Neptuno contra las olas.
El aristo- cratice» vizconde era un simpático normando, de veintiocho años de edad, buen mozo, elegante y con refinamientos pari- sienses. Monsieur de Saillard era un ¡wovenzal, hijo de mo- desto receptor de rentas, pequeño y regordete como candidato á una apoplegía fulminante, y representaba treinta años, so- bre poco más ó menos.